Publicación original: Boletín Asociación Amigos de Lolo nº 7 Febrero-Marzo de 1996
por Don José Utrera Infantes, amigo de Lolo

Es cierto y verdad que conocer a Lolo es algo más que recomendable pues es bien sabido que su vida fue un verdadero ejemplo de fe y de muchas otras realidades más. Sin embargo, no podemos negar que hay personas que de eso pueden decirnos mucho.

El autor del artículo que traemos hoy aquí, a la sazón D. José Utrera Infantes (en la imagen de arriba con Lolo) fue amigo personal, de entonces, de su tiempo. Y eso lo muestra aquí mismo y, claro, en otras muchas letras que ha puesto a disposición del amigo de Manuel que quiera saber cómo era, digamos, en el día a día.

Eran los primeros meses de 1.996. Los jóvenes de Acción Católica, habíamos tenido que marcharnos de la casa que ocupábamos en nuestro último Centro de la cl Sagasta, donde nuestros instructores nos enseñaban a ser mejores.

Por esas fechas, nos mandaron al que fue nuestro último Consiliario. Un cura canijillo y novato, sobrino de sacerdotes muy queridos en Linares, al que encomendaron la dirección espiritual de una Juventud de Acción Católica, que como no tenía local reunía en su casa. El cura se llamaba y se llama Rafael Higueras Álamo.

Ante la situación que había y para dar un impulso nuevo, que permitiera una catequesis a través de la cultura, nos propuso a algunos de los mayores, la creación de una Asociación a la que deberíamos dar un contenido, que pudiera ilusionar a la gente joven.

Y aquí entra ‘LOLO’. A su casa acudíamos no solo los que éramos de A.C, sino también estudiantes del cercano Instituto. Sentados junto a LOLO en su ‘mesa camilla’, y aconsejados por él, fuimos madurando la idea y así nació CITEMU.

Organizamos sesiones de cine, teatro leído, audiciones de música, conferencias, excursiones…

LOLO nos puso en contacto con amigos suyos, que gracias a él vinieron a darnos diversas charlas. José Mª Pérez Lozano, que entonces tenía un programa para artistas noveles en TV (él descubrió a Víctor Manuel) vino varias veces a nuestras charlas-coloquios cinematográficos, y eso era el ‘pretexto’ para que LOLO y José Mª se pasaran el día y gran parte de la noche hablando.

Poco después de morir LOLO, José Mª también se nos fue. Otro día vino Antonio Navarrete, para hablarnos de su amigo Zabaleta, Fanny Rubio nos leyó sus primeras poesías…

Comento estas cosas para poner de manifiesto que LOLO siempre estuvo ayudando en cualquier actividad que sirviese de estímulo a los jóvenes. Cuando los que dirigíamos algo nos cansábamos, él nos animaba, nos daba ideas, mantenía siempre encendida la antorcha de la ilusión, de la esperanza. LOLO era como una fuente de agua fresca y cristalina, después de una larga caminata. Y esto sucedía en la década de los 60. Se hablaba del Che, de los Beatles… A LOLO le encantaba conversar con sus amigos, que le leyeran una buena obra, oír música (recuerdo que el disco de Serrat sobre Machado era uno de sus preferidos).

Estoy convencido de que cuando nacemos, Dios nos da a cada uno ‘talentos’ para que los multipliquemos. A LOLO cuando nació en vez de un pan bajo el brazo debieron ponerle un ‘saco’ de AMOR. Y, en vez de guardárselo para él, empezó desde muy joven a repartirlo, y pasó lo que en Galilea, que cuanto más daba más tenía. De ese ‘saco’ no dejaban de salir los panes de la alegría y los peces de la esperanza, que repartía a manos llenas, a quien se le acercaba, y todavía, después de 25 años, sigue dándonos consuelo.

Bienaventurados los pobres porque ellos poseerán la tierra. Así era LOLO.

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