En julio de 1960 sale del corazón de Lolo la que hace 9 de las circulares de Sinaí. Había pasado casi año y medio desde que en febrero de 1959 viera la luz la primera de las que harían unas cuantas hasta que, en su segunda etapa, la revista Sinaí sustituyera, por así decirlo, a aquella primitiva forma de comunicación entre enfermos y medios de comunicación católicos.

Pues bien, aquella Circular número 9 constaba, tan sólo, con un escrito de título Como se  sacrifica una Madre” que, con mucho gusto, transcribimos aquí para que puedan gozar ustedes de un texto tan inspirado:

Cristo dejó su palabra, íntegra y perfecta, en el aire de su tiempo; su rotunda palabra, repleta y fecunda como una simiente en otoño. Él no manejó la arcilla ni el punzón porque sólo quiso darle a la palabra su acento y su Gracia. A su Iglesia y a toda la gran muchedumbre cristianizada toca portar el mensaje, cargando con la semilla hasta dejarla  caer en el área de un corazón. A unos les pide que le crézcanla  voz desdelos campanarios de las aldeas o en la dura vida de un trópico; de otros se deja fructificar en el silencio de los claustros o al hilo de una oración. A nosotros nos ha pedido todo ese mundo misterioso que se crispa al hilo de la palabra Sacrificio. Sería inútil enredar en busca de una preferencia. Lo único cierto es que cada destino ha sido moldeado con la conveniencia personal de una vocación de arquitecto o de carpintero y la perfección o el cuidado de una chaqueta o un ’suéter’.

Al Sacrificio, el egoísmo le ha tendido la celada de darle a conocer bajo un caparazón de erizo. Nos llega y la piel reacciona como si tuviera una urticaria. Unos aceptan penosamente y ya Dios les queda en el recuerdo con la amistad incómoda del notario que vino a comunicarnos un despido. Y no. Lo cierto es que al Sacrificio hay que encajarlo como un fruto espontáneo de amor, que se desprende con la misma largueza que el ramo de rosas que regalamos al ser querido. Si el Sacrificio necesita de una reivindicación,  hay que centrarla en el dulce y maravilloso camino de la ternura. Es así que el desprendimiento tuvo siempre un origen de amor. Un padre echa horas extraordinarias y el sudor le canta la alegría de poder saldar una medicina cara o la matrícula del hijo. Una madre se quita el sueño para coser una prenda y el esfuerzo se le queda escondido en el corazón y allí desgrana la canción de la maternidad. Al Sacrifico le veremos siempre en las raíces de cualquier fructificación de amor. Si a nosotros nos chirría, si nos tiembla el pulso a la hora de la visitación es porque aún hace aguas la nave del amor. Si, por el contrario, le damos a la palabra, con alegría, nuestros hombros, aunque estén débiles, paralíticos o deformes, nuestra vida, aunque esté atrincherada por sufrimientos y tribulaciones, habremos plantado una simiente de amor en el corazón de una criatura y Dios estará configurándonos el buen lugar de su Reino.

El Cristianismo le ha dado una forma plástica  a la ternura en la figura de María. Es curioso que María quiso darse a ver en la roca de Lourdes con tres palabras esenciales en los labios: Sacrificio, Sacrificio, Sacrificio. La Ternura y el Sacrificio fundidos en un blanco lirio de maternidad. Y en el Sacrificio, desde la Redención, nos quedó como el más genuino fruto de amor.”

En este texto, único en aquella Circular número 9, Lolo asienta, en el corazón de aquellos que formaban parte de Sinaí (y, ahora mismo, en todos sus hermanos de fe que podemos leer su inspirado texto) que el Sacrificio tiene pleno sentido si no lo llevamos por el camino de la amargura el sufrimiento sino, al contrario, si somos capaces de comprender que Dios y que nuestro prójimo pueden llegar a tener el mismo como fruto y no como tiniebla. Y tal forma de presentar el sufrimiento era más que necesaria, creemos nosotros, para mantener en pie una obra como Sinaí. Y es que era, por así decirlo, la roca firme sobre la que se podía construir algo así.

Por otra parte, sin duda era verdad que todo aquel que conocía Sinaí, sus circulares hasta entonces, sabía cuál era la intención de esta y, por tanto, no ignoraba la espiritual función que estaba desempeñando. Pero si alguien albergaba alguna duda acerca de el qué de aquella especial obra, al final de la Circular número 9 de aquel julio de 1960, hace ahora casi 60 años, lo dice con toda rotundidad. Y es que para finalizar aquella Circular, nos dice su autor, a la sazón Lolo acerca de Sinaí:

“Sinaí = Prensa Católica + Oración + Sacrificio = Sinaí”

¿Qué significaba, por tanto, Sinaí? ¿Cuál era la especial intención que encerraba lo que el Espíritu Santo le había soplado a Lolo en el corazón y éste había escuchado aquel gemido inefable?

Como  vemos, nuestro Beato Lolo lo tenía más que claro. Y es que su Sinaí tenía que ver con esos tres factores que cita y  suma. Es decir, no era, por un lado, la Prensa Católica, por otro la Oración y por otro el Sacrificio. No. Lolo era consciente que la primera no se iba a sostener, espiritualmente hablando, sino concurrían, en este caso, tanto la Oración como el Sacrificio, así, con mayúsculas, por estar refiriéndose al autor de todo esto a algo no particular sino genérico, con sentido amplio y, sin exagerar, universal.

Por tanto, sólo orando y ofreciéndole a Dios el sacrificio del sufrimiento de los enfermos, el exacto sentir de la Prensa Católica iba a seguir teniendo sentido y sólo, como decimos, centrando tal obra tanto en orar por aquellos que dedicaban su vida a la noble labor de comunicar al mundo lo que en el mundo sucedía como en tener el sufrimiento de cada uno de los oradores y ofrecedores del mismo a Dios puesto en tal voluntad, todo aquello que se había iniciado hacía no mucho tiempo, llegaría a buen puerto.

No podemos decir, como es evidente, que una Circular que tiene una sola página sea algo, en palabras, extenso. Sin embargo, teniendo en cuenta el aprovechamiento espiritual que hizo Lolo de esta, no podemos negar que nunca de tan poco espacio escrito se obtuvo tanto fruto.

 

(Continuará)

Puedes leer todos [ los artículos de la serie Lourdes-Sinaí-Lolo en este enlace ]

 

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