“¡Aleluya: “Sinaí”, Revista!”

El artículo de hoy es más que especial. Digamos que no es que los demás, hasta ahora, no lo hayan sido porque son un verdadero tesoro espiritual puesto ahí, por Lolo, para goce y disfrute de los que le conocen. Lo que queremos decir es que en ese número, lo que sería la Circular número 24 se produce un significativo cambio, un verdadero salto hacia delante de este gran creador de la obra Pía llamada Sinaí.

Lolo mismo lo dice en lo que ponemos en primer lugar en este artículo. Y es que, en la última página de esta primera Revista “Sinaí”, Manuel Lozano Garrido, haciendo un símil entre la Parábola de la mostaza y el nacimiento de la Obra Pía de tal nombre, nos dice que:

“Así nació “Sinaí”, de una pequeña semilla; y ya va creciendo, ya. Por de pronto, lo que era una simple hoja tirada a multicopista -siempre las grandes cosas comienzan modestamente- se va a convertir, por obra y gracia de Propaganda Popular Católica -P.P.C-.”

Suponía, por tanto un gran cambio desde que el 10 de febrero de 1959 se empezara a distribuir la Circular número 1 de “Sinaí”.

Debemos decir que en este primer número (en realidad, la Circular número 24 era) de la Revista se da noticia del fallecimiento de Juan XIII (había muerto el 3 de junio de aquel año 1963) con un artículo de título “Oración de urgencia a uno de los nuestros” cuyo texto lo transcribimos el pasado 3 de junio como artículo de la serie que, en esta misma casa, está reproduciendo los que fueron publicados por el Beato Lolo en la prensa de su tiempo.

Hay, en este primer número de la Revista una justa correspondencia por parte de los periodistas. Y es que como la Obra Sinaí nació para orar por los que lo eran católicos, los mismos responden a tal merced alabándola, en justo merecimiento. Por eso se pregunta, aquí mismo, nada más y nada menos que a Alejandro Fernández Pombo, gran  periodista y muy amigo del Beato de Linares y del que  aquí también hemos hablado al reproducir un artículo en el que Lolo habla de su libro “Tom Dooley tiene una cita con la muerte”. Y el mismo nos dice que se siente responsable en la labor de periodista que lleva a cabo sabiendo que hay quien reza y se sacrifica por personas como él…

De todas formas, no todo iba a ser bueno ni todas las noticias iban a ser buenas. Y es que también recoge este primer número de la Revista la muerte de una persona que, en el origen de “Sinaí” fue más que importante: Juanita Álvarez. Y a ella le dedica Dolores Güell, a la sazón Presidenta de Honor de “Sinaí”, una glosa a quien tanto conoció y visitó en su Salamanca, donde había estado postrada en la cama durante 26 años.

No podemos, por menos, que transcribirla aquí:

“Juanita. Veintiséis años entre las cuatro paredes de tu cuartito bajo, junto a una ventada sin cristal, por donde entraba el aire, y raras veces, el son…Veintiséis años.

Juanita. Te veo sentada en tu cama, sin apoyar jamás tu espalda dolorida en la almohada, un crucifijo sobre tus rodillas. Horas y horas a solas con tu dolor, tu madre y tu crucifijo. Otras muchas horas a solas también, aunque rodeada de buenos amigos: tu sordera te separaba de ellos. Incluso el gozo de la conversación  de fue negado.

Juanita. Te fuiste de mañanita, cuatro días antes de la Ascensión. Tú no podías perderte la entrada del Señor en el Cielo. Y tenías que oírle repetir, con grave dulzura, ante la incontable legión gloriosamente marcada con el sello de la Cruz: “Era preciso. Sí, era preciso que Cristo padeciese y ASÍ entrase en su gloria.” El Cristo Total: Él, y tú, Juanita.

Juanita. La Liturgia de aquel luminoso domingo V después de Pascua se encargó de anunciarnos tu feliz natalicio en la Patria: “Con gritos de alegría anunciadlo, y que todo el mundo lo oiga: ¡El Señor ha liberado a su sierva!

Juanita, ¡ALELUYA!

 

Y nosotros, ante esto, nada más podemos decir salvo gracias.

 

(Continuará)

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