Este número, doble (37 y 38), empieza a cumplir el sueño del Director de “Sinaí” al ser uno que tiene la friolera de ¡8 páginas!. Y, claro, el contenido se ha extendido más que mucho.

Podemos decir, por llamarlo así, que el editorial del número que hoy traemos aquí, que lleva por título “La levadura” tiene mucha sustancia para hacer crecer el corazón, como lo hace la misma con la harina donde se pone:

“Aprende a rezar también sin hacer teatro, sin gruesos libros de misa, sin ceremoniosas posturas de manos, sin apenas hincarte de rodillas, amando a Dios en el destino doloroso de tu vida, subiendo hasta el Cielo las quejas de tu cuerpo como una cítara de alabanza. Como la levadura, mientras la oración no esté mezclada en pequeñas dosis con nuestras preocupaciones nada subirá en tu vida y ni uno sólo de tus actos podrá ser ofrecido a cualquiera de los hombres como un panecillo reconfortante.”

Este número refiere el caso de Raul Follereau, conocido con el “Vagabundo de la caridad”, entonces (1964) aún entre los vivos (fallecería en 1977) y llevando a cabo su cruzada por los más desfavorecidos de entre los enfermos del mundo: los leprosos.

Sobre este santo hombre, introduce Lolo lo dedicado expresamente al caballero francés, diciendo (sobre la lepra) que

“Los últimos descubrimientos de la medicina moderna han atajado grandemente el mal hasta el extremo de que hoy día la lepra es considerada menos contagiosa que la tuberculosis. Pero a pesar de todo ¡Aún hay en el mundo quince millones de leprosos!”

El problema, pues, de la lepra, seguía siendo entonces, en su consideración de enfermedad especialmente contagiosa (con su historia detrás de ella ya referida en la Sagrada Escritura) algo más que grave. Y entonces aparece en el mundo Raul Follereau, vivamente preocupado por estas enfermedad. El caso es que

“Hace treinta y tantos años que el periodista Follereau, era enviado por un periódico a la región del Chad, en la espesura del África misteriosa, para realizar unos reportajes. Su estancia allí le puso en contacto con aquellos hombres atacados por el mal de la lepra y fue tanta la impresión producida en su corazón y su nobleza /… /  adoptó la firma resolución de presentar a los ojos de este mundo vertiginoso de televisores y neveras, de prodigios del espacio y deleites corporales ese otro mundo olvidado de hombres que sienten, viven y aman como nosotros y que también como nosotros ansían un puesto en la sociedad y en el mundo para cumplir su destino adaptado a una circunstancia de amor y justicia.”

Y así lo hizo, desde entonces y, por eso, nos dice Manuel Lozano Garrido:

“Raul Follereau es hoy una gloria de la Iglesia Católica. Su lema en la Orden de Caridad que fundara bendecida por Pío XII es la unión de todos los países por salvar al mundo por la Caridad. Que ella nos impulse a todos haciéndonos exclamar con el antiguo estudiante de la Sorbona: “‘No permitáis, Señor, que seamos felices nosotros solos’”

que, por cierto, es la primera cita de la que hace uso y disfrute el gran amigo de Lolo Alejandro Fernández Pombo en el libro que tantas veces cita nuestro hermano Lolo de título “Tom Dooley tiene una cita con la muerte”  del que aquí mismo hemos traído referencias puestas por Lolo en otros números de “Sinaí”.

Debemos decir que este número de la revista creada por el Beato Lolo hace uso de la clásica recomendación de libros para el verano (esta revista, doble número, julio-agosto de 1964) y que lo hace, además, aportando la opinión de algunos lectores que responde, por ejemplo, a preguntas como

“1º. ¿Qué importancia da a las lecturas en la formación, la vida y el destino de un enfermo?

2º. ¿Qué libro o libros le han dejado en general una huella más profunda a lo largo de la enfermedad?

3º. ¿Qué título le ha ayudado de un modo especial en la espiritualidad del sufrimiento?

4º. ¿Qué aconsejaría a personas que quieran facilitar ratos agradables a los enfermos por medio de lectura?”

Y nosotros no podemos negar que, dadas las circunstancias del Director de “Sinaí” y de las personas a las que va dirigida la Revista, son preguntas más que oportunas.

Y, por cierto, entre los libros que recomienda Lolo está, como no podía ser menos, ”Tom Dooley tiene una cita con la muerte”, de Fernández Pombo y otro al que hemos hecho aquí referencia, el de Nino Salvaneschi de título “Consolación” y que recomendamos vivamente al haber leído parte del mismo gracias a la recomendación que hizo, hace pocos números de “Sinaí”, de este gran libro de espiritualidad católica.

Este número especial (tanto en número de páginas como en contenido) no podía terminar de forma menos poderosa que como había empezado con “La levadura”. Y lo hace con “Operación Amor”:

“Dios me ama, Dios me perdona, nada debilita su amor, no hay nada en mí capaz de desviar sus ternuras. Mis pecados, por graves que sean, no constituyen un obstáculo insalvable para su amor.

/…/

Nuestro Padre Dios nos ama siempre, incansablemente, totalmente, pero quiere que sus hijos hagan lo mismo. Para averiguar si yo amo a Dios Padre, Jesús me hace esta pregunta: ¿Estás dispuesto a amar a tu hermano, hijo como tú de Dios?

Y ¿quién es ese hermano al que tengo que amar?”

Y entonces echa mano Lolo de la parábola del buen samaritano, que le viene la mar de bien para contestar a una pregunta tan oportuna si no queremos saber quién es nuestro prójimo y no tenemos quien nos aclare eso.

Y termina la “Operación Amor”, contestando a la oportuna pregunta:

“Un hombre, un hombre cualquiera amigo o no, conocido o desconocido, simpático o antipático, de mi clase social o de otra, de mi país o extranjero, de mi misma ideología o de otra contraria, agradecido o no… a este es al que debo ayudar.”

Y esto está más que bien aunque ya sabemos que hoy día, los adalides de lo políticamente correcto habrían dicho algo así como “Un hombre o una mujer, cualquier amigo o amiga, conocido o conocida o desconocido o desconocida, simpático o simpática, antipático o antipática…) Pero es que Lolo no era más que un santo y no alguien que quería quedar bien con todo el mundo…¡qué le vamos a hacer!

 

(Continuará)

 

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