Hoy traemos, al recorrido que estamos haciendo a la Revista Sinaí (a sus precedentes, las Circulares) los números 49 y 50-51 que corresponden, respectivamente, al mes de julio y a los de agosto y septiembre de 1965 siendo los dos últimos unos que forman, por decirlo así, una sola revista por tal circunstancia veraniega. En cierto modo, nosotros hacemos, aquí mismo, un número triple…

Y bien, el, digamos, editorial que hace el Director de “Sinaí” en el número 49 tiene mucho que ver con la confianza que tenemos con Dios o, mejor, a Dios. Y es que, tras el título de “Volando sin alas” y con una imagen muy común en la infancia que es la de un padre echando hacia arriba a su hija para, luego, recogerla en sus brazos, nos dice, por ejemplo, que

“La niña asciende gozosa, etérea, hacia las nubes /…/ No hay peligro alguno. Si lo hubiera, ¿habría de arriesgarla su padre que la ama intensamente?»

Y, entonces, el símil, que tan verdad es:

“Dios, que es nuestro Padre, también vela constantemente por nosotros. Su omnipotencia, su infinito amor, no permitirán que suframos ningún percance, que caigamos en el abismo del pecado.
/…/
Alegrémonos, queridos amigos, hermanos nuestros, porque Dios nos ha destinado para imitar a esa niñita feliz, que no siente temor alguno ante el mal.”

Y es que,

“A Dios le gusta ponernos a prueba para que sintamos, palpemos, vivamos, todo su gran amor y poder sin límites, como esa pequeña de la fotografía, que se aferra con energía a su padre cada vez que desciende de la altura.”

Por otra parte, en la sección “Personajes de 30 días” (que otras veces utiliza para mostrar gestas para tener en cuenta según las circunstancias de quienes las llevan a cabo) nos habla de don José Navarro, al que llama “ciego polifacético” pues el hombre lo es. Así, por ejemplo, “ha sido jugador de fútbol en un equipo de ciegos”, “se sabe de memoria la guía telefónica de Alicante” (de donde es el buen hombre) y, por si fuera poco, cuando murió el presidente Kennedy (el 22 de noviembre de 1963) “le escribió a la viuda, que le contestó dándole las gracias”. Pero, sobre todo, y dadas las circunstancias de su vida, “es un hombre que, entrando ya en la madurez, conserva su optimismo, ilusiones y dinamismo”.

También nos habla en esta misma sección de quien llama “El sacerdote de los tartamudos” y es que el P. Jesús Ordóñez Andín, que había sido tartamudo en su juventud, hacía uso de un método “de convergencia ortófona para curar a sus alumnos, adquiriendo renombre mundial en esta especialidad”.

Por otra parte, y ya pasando a los números 50 y 51 de “Sinaí”, en lo que es el editorial de tales números, y bajo el título de “El calor y la sed” (Hay que comprenderlo porque corresponden a los números de agosto y septiembre de 1965…) hace Lolo lo que siempre hace y está más que bien: de un ejemplo de lo que sucede en el mundo pasa a aplicarlo, digamos, a materia de fe católica. Y eso es lo que aquí hace, porque dice, por ejemplo que

“La canícula aprieta. Escasea el agua, los ríos disminuyen su caudal, se secan las fuentes”.

Y, entonces,

“Esto nos trae a la mente el recuerdo de la estampa bíblica: la buena samaritana, dando de beber al Maestro”, que también tenía sed, podemos decir… porque la tenía pues, como hombre que era, su divinidad no le liberaba de eso…
Digamos que, para este artículo, Manuel Lozano Garrido utiliza una imagen en la que una niña blande un sifón y le dispara el chorro de ácido carbónico para que su compañero, un niño, mitigue un tanto la sed.»

Pues bien, lo mismo que hace en el editorial del número 49 que hemos citado antes, viene a decirnos Lolo que Dios provee y que debemos confiar en nuestro Creador:

“Aprendamos de estos niños a confiar en nuestro Padre, que no nos abandona. Él proveerá , resolviendo nuestras dificultades”,

que viene a ser lo mismo que lo que decía el Director de Sinaí en el número citado arriba en el que nos impelía a confiar en Dios que nunca abandona a su prole, a su descendencia y semejanza.

Por otra parte, no podemos dejar de mencionar la persona a la que se refiere quien sería, con el paso del tiempo, Beato de la Iglesia católica. Y nos referimos al doctor Albert Schweitzer, a quien muchas otras veces refiere nuestro buen amigo Lolo en otros números pues, digamos, hacía poco que había fallecido en su amada África, lugar que no quiso abandonar hasta que la muerte lo llamase a la otra vida. Por eso nos dice que

“Se ha salido con la suya. Ha muerto entre sus queridos enfermos del poblado que él ha convertido en hospital, en el corazón del continente africano, y en el que tantos años ha pasado, dando un ejemplo de abnegación y caridad difícilmente superables.”

Y nosotros estamos casi seguros de que este buen doctor y el otro doctor que se inspiró en su vida, a saber, Tom Dooley, que tanto admiraba labor de Albert, debieron encontrarse en el Cielo (Dooley había fallecido el 18 de enero de 1961) porque Dios sólo puede querer eso para los buenos de entre los buenos de nosotros…

Y ya, para finalizar el artículo de hoy, nos gustaría hacerlo con humor del bueno. Y es que, como pasa en otros números, el Director de “Sinaí” quiere acerca la sonrisa y hasta la risa a todos aquellos enfermos (o no) que pudieran leer las páginas de su revista. Por eso, en una sección de título “Pausa, con risa” nos dice, por ejemplo:

“-Eso no es nada, señora. Le conviene a usted mucho reposo.
-¿No me mira la lengua doctor?
-No es necesario. Dele también reposo…”
Qué gran verdad, podríamos decir…

Pero es que,

“-Le felicito, milord; sus caballos llegan siempre los primeros a la meta.
-Es tradicional: los mejores animales han sido siempre los de mi familia.”
Y ahora sí, no me resisto a poner este:
“La esposa hablaba con su marido:
-Tu amigo Julián llama a su mujer con los nombres más deliciosos que puedes imaginar: ‘manzana de mi corazón’, ‘melocotón en almíbar’, ‘perita en dulce’ y así. ¿No podrías hacer tú lo mismo conmigo?
-No, porque Julián trabaja en una fábrica de conservas y yo, como sabe, en un almacén de drogas y venenos”.

En fin…

(Continuará)

 

 

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