Ciertamente, por muchos años que hayan pasado y por mucho cambio climático que digan que hay, lo bien cierto es que cuando llega el verano lo que se impone es el calor. Y así lo refleja el Director de “Sinaí” en lo que podemos considerar editorial de este número doble, que hace el 61 y 62 de la revista propia de una Obra así y que viene referido, este número, a los meses de julio y agosto de 1966. Por eso nos dice Lolo:

“43%, ya, muchos días, según el hombre del tiempo. La calle que arde, la ropa que se despega del cuerpo, ruidos nocturnos, deseo de una ducha, desgana: ya está aquí el verano. Un arco de fuego sobre todos nosotros a lo largo de tres meses, incluyendo sobre las características de nuestra vida.”

Pero, como suele ser gozosamente habitual, lo que podría ser una descripción, como ésta, de lo que pasaba en aquel verano de 1966 le da Manuel Lozano Garrido un cambio de tal manera que lo espiritual entre en juego como, por cierto, pasa tantas y tantas veces en sus escritos que, en principio, pudieran parecer simplemente costumbristas. Por eso nos habla de “la hermosa alegría cristiana afanándola desde un amanecer hasta otro, como un principio fundamental”. Y es que

“Tu misericordia, Señor, en los rigores del verano y también mi conformidad o mis gracias, en esta carga de unos días que, por tu promesa han de ser un yugo de dulce ligereza”

¿Se puede hablar con más sentido de esperanza?

Pues bien, lo mismo vuelve a hacer Lolo con lo que podríamos denominar 2º Editorial, de título “La noria” pues habla de eso, de una noria que agua sube. Y lo lleva al tema del alma, a lo que somos cada uno de nosotros porque “Si somo de barro ¿no hemos nosotros de esponjarnos con el chorro de la vida que nos rodea?

Lolo, como bien sabemos porque tantas veces lo hace, nos dice las cosas de forma que las entendamos (casi en forma de parábola, entiéndase esto y sus circunstancias…) por eso nos dice que “no es malo tener sed, con tal de que el agua no esté lejos de la esperanza”. Y así, nosotros, a pesar de las circunstancias por las que podemos pasar, debemos subir, como la noria: “¡Arriba cada hora un poco, todos los días!”. En realidad, como bien nos dice el Director de “Sinaí”:

“Tú, nombre, sube siempre, y nunca vacío. La verdad de tu vida es que remonte algo, lo que sea”.

En fin…

Debemos decir que Lolo descubre un nuevo tipo de Atlas. Sí. Y es que cualquiera de nosotros conoce tipos de Atlas que tienen que ver, por ejemplo, con la geografía, la geología y realidades de tal jaez. Pero nuestro Director ha dicho en este número, después de escribir “¡Cuántos somos ya!” (escribiendo de la gran difusión de los grupos “Sinaí”) que también existe el “Atlas Sinaí” que está formado por todos los grupos que entonces existían, por qué medio de comunicación católico se oraba y rezaba, de tal Obra y las personas que los constituyen. Pero, ya pueden imaginar ustedes que no podemos poner todo el listado porque se acabaría ahora mismo este artículo…

De todas formas, pongamos algún ejemplo: se oraba por “Razón y Fe”, por “Familia cristiana”, por “El mensajero del Corazón de Jesús”, por el “Instituto de periodismo de Navarra” o, por ejemplo, la “La Gaceta del Norte”. Y así muchos otros.

Ahora veamos algo que no suele suceder mucho en “Sinaí”. Y es que parte del trabajo que hace su Director, escribir, lo haga otra persona. Y es que este número doble contiene la crónica de un enviado del Diario Ya a Lourdes donde es más que posible que se haya producido un milagro en la persona de Gabriel Olivas Iglesias, a la sazón, ex guardacoches y empleado del Ayuntamiento de Madrid que acudió a Lourdes hacía entonces tres años (en 1963, pues) porque como él mismo dice: “casi desahuciado por la medicina” pues padecía úlcera plantar y edema del pie y osteomielitis con amputación del quinto metatarsiano.

En aquel tiempo, aún no se había acabado de verificar la realidad de aquello que le pasó al buen hombre que, como dice él mismo, “Cuando fui a Lourdes por primera vez era un mal pingajo, y cuando regresé, una media persona; ahora soy un hombre”. Sin embargo, en un momento determinado cayó al suelo y, como nos dice

“Sentí en mi interior algo inexplicable, como si me quedara vacío, como si una descarga eléctrica me atravesara de parte a parte. Instintivamente entregué las muletas al amigo que me acompañaba. Este salió corriendo, mientras gritaba: ‘¡Milagro, milagro!…’ Apenas casi me podía mantener derecho, pues llevaba siete años sin andar como una persona normal.”

Y, ya decimos, entonces aún no se había verificado el libro pero, como él mismo dice, que conoce muy bien su circunstancia: “Para mí, lo mío ha sido milagroso” y es que, a día de hoy (una vez consultado el listado de 70 casos que sí han sido reconocidos como milagros), no ha sido reconocido como milagro aquello que le pasó al bueno de Gabriel aunque, como decimos, y como dice el refrán, “quien la lleva, la entiende” y, lo mismo que hay muchos santos en el Cielo que no son reconocidos como tales por la Iglesia Católica (sobre todo por la imposibilidad material de hacerlo), lo bien cierto es que esto que llama el protagonista “milagro” es más que probable que lo sea.

No podía falta la sección (con su denominación, digamos, especializada) Iglesia, Punto, Raya. En este número doble el Director de “Sinaí” nos habla de lo siguiente:

-“A los 95 años ha muerto la religiosa más anciana de Corea. María Javier Pak, una de las tres primeras coreanas que abrazó la vida religiosa.

-De los 22.775 seminaristas españoles -¡1.203 en 2019!-, más de 7.500 proceden de familias de agricultores y pescadores. Estas profesiones dan a la Iglesias al 50% aproximadamente, de las vocaciones sacerdotales”

Y, la verdad, después de ver estas cifras, a uno sólo le quedan ganas de pedir a Dios que envíe trabajadores para su mies…

Por otra parte, podemos decidir que a la sección citada arriba une Lolo una que titula “Hoy las ciencias adelantan..” a lo que responderíamos “que es una barbaridad”… Y es que incluye, también noticias positivas del mundo de la medicina o, en general, de la ciencia. Así, nos dice que:

-“En la clínica Puerta de Hierro, de la seguridad social, se has inaugurado una cámara individual para tratamientos con oxígeno hiperbárico (oxígeno a presión) El enfermo queda aislado del medio ambiente, comunicándose con el exterior por medio de un interfono”.

Y, como siempre hace Manuel Lozano Garrido en “Sinaí” nos trae un ejemplo de superación digno de tener en cuenta. En esta ocasión, al igual que el ejemplo que hemos traído antes que no había sido escrito por él, se trata de Pedro Darnell quien escribe acerca de esto.

Se trata de Jaime Ribó Batalla, que llevaba, por entonces, veinticinco años en cama afectado de poliartritis. Sin embargo, eso no le impidió seguir adelante porque se dio cuenta de que “era un hombre igual que los demás, capaz de hacer lo que hacían los demás”. Así, fue galardonado con el premio Ondas de novela con la que llevaba por título “Mi cuerpo inmóvil”. Y este hombre, inmovilizado en una cama sin poder hacer, digamos, vida normal, dice:

-“A los enfermos les digo que se consideren hombres, que la enfermedad es un modo ocasional de ‘estar’, no de ‘ser’; y que la enfermedad no impide necesariamente ser feliz /…/ Para ello, lo primordial es no dar la espalda a la vida, la propia vida, la que Dios nos ha dado y que, sopesando lo bueno que hay en ella, resulta maravillosa”.

Y, claro, no creemos haya mejor forma de terminar esto.

 

 

(Continuará)

 

 

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