“La invalidez no es obstáculo para triunfar en el deporte”.

Este es un titular que, dentro del número doble 63 y 64, y que corresponde a los meses de septiembre y octubre de 1966, recoge una noticia que es, en sí misma, muy esperanzadora pero es que, siendo el Director de Sinaí, ciego desde hacía ya un tiempo, la hace más que especial. Y es que, como luego se dice,

“Un ciego de la segunda guerra mundial coronó en dos días la cima del Mont Blanc”.

Y es que la cosa fue así:

“En 1964 coronó un ciego el pico más alto de Europa, el Mont Blanc, con 4.807 metros de altura. Siegfried Zinnecker (Müholdof/Oberbayern), que perdió la visa en la segunda guerra mundial, ascendió esta impresionante cima con una cordada de cuatro alpinistas de Müholdorf. Estos hombres cubrieron la ruta hasta la cumbre en dos días, a pesar de la niebla y la nieve recién caída.”

De todas formas, si el titular nos muestra, como decimos, a una persona ciega que hace una hazaña como la que trae “Sinaí”, en la misma página hay abundancia de casos similares que honor al titular de la noticia.

Así, por ejemplo,

“No hace mucho, el ciego profesor de deportes sueco Gota Gaerdin consiguió el mayor rendimiento deportivo en la tradicional competición nórdica de esquí de Vasa. Los 81 kilómetros de recorrido fueron cubiertos por este inválido en 9’ 25” 00 horas. Un amigo acompañó al deportista ciego durante la carrera indicándole a gritos el camino”

O esto otro:

“A. Harold Connolly (Estados Unidos), campeón olímpico en 1956 en Melbourne, participante en las olimpiadas de Roma y Tokio, le fue acortado uno de los brazos en nueve centímetros tras un  accidente de sufrido en la niñez.”

Por otra parte, resulta gratificante y curioso que, al ir leyendo, uno a  uno, los números de “Sinaí” podamos encontrarnos con artículos que Lolo había escrito para esta revista y que luego salieron publicados en otros medios de comunicación-información o, a lo mejor, al revés… Y nos referimos al que lleva por títuloEl mejor cuento de Pablo Ramírez”  a la sazón, como puede leerse y encontrar fácilmente en la red de redes, “Pablo Ramírez Díaz (Linares; 1926 – Jaén; 1966) es un portadista, ilustrador y escritor español de cuentos infantiles”. Y es que, según escribe en tal artículo Lolo, la visita que relata en el mismo se produjo cinco días antes de la repentina muerte de Pablo Ramírez.

En el mismo nos habla de esto (y no ponemos más porque arriba está el enlace que lleva al artículo publicado en su día en esta página de Lolo):

“Pablo Ramírez era un hombre que soñaba cuentos cada noche y luego los iba viviendo por entre el sudor iluminado que le arrancaban las cuartillas. Fuerte, vital y poderoso, era como un niño prolongado cuarenta años. Ser niño –lo sabéis- no es quedarse en una cándida ignorancia, sino abrir el alma a la verdad y no dejar que la vida se la venga a encerrar dentro de una caracola. Una larga infancia es precisamente el fruto de las grandes inteligencias.

Pablo Ramírez era uno de los mejores dibujantes españoles de la hora. Con Ferrándiz, formaba la pareja más deliciosa de creadores de motivos navideños. Él, a su vez, estaba zambullido plenamente en el misterioso mundo de los sueños infantiles. Trabajador incansable, sus manos se movían ya desde el amanecer con la imagen limpia y risueña de un niño tras la frente. En vez de tenerlos sobre su mesita de noche, su mente era el portarretratos de los seis hijos de su sangre. Su hogar, venía a ser la planta piloto de sus creaciones; así que los protagonistas tuvieran tantas sustancias de amor. Un dibujo o un relato infantil suyo venían a ser como un puro milagro caliente.”

Se nota, pues, que lo conocía de verdad.

Como es de esperar, no podía faltar, en los números de hoy, la correspondiente sección de “Iglesia, Punto, Raya”, en la que se recogen noticias como éstas:

“-El diario vaticano ‘L’Osservatore Romano’ destaca que entre los últimos donativos llegados para la campaña ‘Pan para el hambre en el mundo’ figura uno del patriarca ecuménico de Constantinopla Atenagoras I.

-Cerca de 500 religiosos españoles, marcharon en 1965 a Hispanoamérica para desplegar su apostolado.

-En el aeroclub de Issoudum (Francia) se celebra un cursillo de preparación de misioneros pilotos de aviación. En los últimos tiempos se ha incrementado el número de misioneros que desean capacitarse para pilotar aviones.”

  1. ahora, una de frases que tienen mucho que dar que pensar:

“-Dios dice al hombre ‘Te lastimo porque te curo, te castigo porque te amo.

-La raíz escondida no pide premio alguno por colmar de frutos sus ramas.

-Dios ama la luz de las lamparitas de los hombres más que la de sus grandes estrellas.”

Y no podemos irnos sin hacer referencia a una persona que ya hacía su aparición en la Primera Circular de la Obra “Sinaí”, allá por el año 1959, un 10 de febrero: Angelita Gómez que fue uno de los, digamos, miembros fundadores de aquel grupo de enfermos que dieron forma todo aquello. Y es que en este número doble, más de siete años después de aquello, Pedro Darnell escribe sobre esta mujer a la que denomina “Ángel de Montearagón”, sanatorio en el que estaba, en Huesca hasta que, como nos dice el autor del artículo, la trasladaron a Zaragoza donde “por el Hospital se siente el dulce aleteo de su inagotable caridad”.

Esto lo dice don Pedro porque siente una viva admiración por esta mujer que sufría de los pulmones desde bien jovencita y que llevaba, por tanto, muchos años padeciendo una tal dolencia. Pero ella “Se ha preocupado del prójimo y ella se ha entregado totalmente en manos de Dios.” Y aquella mujer que fue a Lourdes no a pedir por ella sino a pedir la conversión de un amigo que, en efecto, acabó convirtiéndose…

Angelita Gómez no creía que su enfermedad fuera un castigo de Dios  sino que, al contrario, le guardaba gratitud “toda la eternidad” a su Creador, es, como nos dice Darnell, “para los demás una fuente de alegría, de felicidad. Parece como si no estuviese enferma y acusen a ella todos los que necesitan algo: ayuda o consuelo. Ella no cuenta. Ella se ha entregado enteramente a Dios y está “en la sala de espera del cielo”.

Y, con franqueza, no encontramos mejor forma de terminar que con este ejemplo típico de persona relacionada con “Sinaí”. Vamos, un buen modelo de eso.

(Continuará)

 

 

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