“Una fiebre aceptada puede traer como contrapartida la llama de fe a un hombre que lee, al azar, unos renglones. (Circular nº 1 de la revista “Sinaí”)

 

Para el que esto escribe, este pensamiento de Manuel Lozano Garrido expresado en la primera circular de lo que acabaría siendo la revista “Sinaí” es germen de lo que sería una obra espiritual de calado importante en la época en la que surgió e, incluso, hoy día, bien entrado el siglo XXI.

Aceptar una fiebre puede equipararse, por lo que pueda suponer de sufrimiento, a cualquier otra enfermedad porque lo que aquí cuenta es, eso, aceptar el dolor y, claro, ofrecerlo. Y tal ofrecimiento por alguien en concreto: por los periodistas que hacen de su vida una clara imagen de sentido espiritual.

En la citada circular, Lolo muestra una viva preocupación por apoyar la labor que la Prensa Católica lleva a cabo. Y por eso quiere fundar “Sinaí” aunque el nombre provisional que le pone es “Comunidad de Orantes Pro-PPC” porque, por aquel entonces se estaba fraguando PPC, editorial que responde por Propaganda Popular Católica.

Todo, de todas formas, tiene su origen.

En mayo de 1958 Lolo viaja a Lourdes acompañado, en funciones de enfermera, de su hermana Lucy. Esto lo refleja muy bien en una crónica que publica en revista Cruzada, a la sazón órgano de comunicación de los jóvenes de Acción Católica de Linares.

Sin embargo, con ser más que importante lo que allí nos dice nuestro hermano en la fe, es en el viaje de vuelta de Francia y, en concreto en la parada que haría en la estación de Atocha de Madrid donde surgió todo.

El caso es que cuando llega allí, le esperan periodistas como Pérez Lozano o el mismo Martín Descalzo que, por aquel  entonces, como decimos arriba, están dando forma a lo que sería la editorial PPC. Y allí Lolo, que para entonces y había publicado bastantes artículos, tuvo que darse cuenta de que podría ser gozoso establecer una relación entre la oración, el periodismo y el sufrimiento.

Sinaí, una hermosa obra espiritual

Resulta curioso que la misma circular en la que, al principio de ella, dice eso de “provisional” acerca del nombre que quiere ponerle a su obra espiritual diga, un poco más abajo, que el nombre que le gustaría llevase la misma es el de “Grupos SINAÍ” de oración por la Prensa Católica. Y así quedó la cosa, siendo, aquella primera circular de fecha 10 de febrero de 1959, casi un año después de aquel viaje a Lourdes.

La idea de Lolo era crear grupos de 12 orantes para que hicieran lo propio por un medio de comunicación aunque también se acabe diciendo que no se podía limitarla oración a tal actividad (En Circular nº dos se dice eso) Y  si era posible añadir a los grupos monasterios contemplativos…mejor que mejor.

Poco a poco se van constituyendo tales grupos. Así, en junio de 1959 (Tercera Circular) ya son siete los miembros del primer, digamos, círculo de oración. En septiembre de aquel mismo año se completa el primer grupo (Cuarta Circular) que oraría, como era esperar por el origen de todo esto, por la editorial PPC.

Con gusto, por ser una realidad verdaderamente histórica, cito a continuación quiénes componían aquel grupo:

Srta. Juanita Álvarez

Srta. Angelita Gómez

Sr. Manuel Lozano

Hermana Carmen Ángel

Srta. Josefina Escó

Hermana Consuelo Noarbe

Comunidad de Madres Carmelitas de Linares

Srta. Carmen Troyano

Sr. Ángel Pérez

Rvdo. Padre Juan Muñoz Garzón

Srta. Flores Noarbe

Rvdo. Padre Jacinto Noarbe

Por cierto, sobre estas personas, algunas de ellas, escribe Lolo en más de un libro suyo. Y pongo, sólo, dos ejemplos:

«Me ha escrito Angelita. Por cierto que su carta me ha hecho pensar en ese don de mis otros amigos distantes, los enfermos que me escriben». (Dios habla todos los días, p. 82, Desclée de Brouwer, Segunda edición, 1962)

Y este otro ejemplo, en el mismo libro y en la página siguiente, la 83:

«El cuarto de Juanita, en su casa de Salamanca, tiene el giro casellano de un Carmelo de Lisieux».

No podemos olvidar que aquella iniciativa de Lolo tendría un medio de comunicación de la realidad de lo que había sido creado. Y nos referimos a «Sinaí», una obra escrita que mostraba la situación por la que pasaban los grupos de oración además de contar con muchas aportaciones del propio Lolo y ajenas, seguramente más lo primero que lo segundo…

 

Y pronto llegaron las bendiciones de los Obispos.

 

(Continuará)

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