Lucy, la hermana del Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo, falleció el lunes, 10 de marzo de 2014, en la localidad jienense de Linares.

C.S.A. / Alfa y Omega

Manuel Lozano Garrido junto a su hermana y cuidadora Lucy

Lolo con su hermana y cuidadora Lucy

Compañera inseparable de su hermano, estuvo siempre a su lado, cuidando de él durante la larga enfermedad que sufrió el primer Beato periodista español.

Lucy Lozano Garrido pudo ver, el pasado 2010, como su hermano llegaba a los altares, lo que calificó como «el regalo más grande que Dios me ha hecho», cuando centenares de periodistas le preguntaban, días antes, cómo se sentía ante tamaña celebración. Cuatro años más joven que Lolo, cuidó de él desde que empezó su invalidez, a los 22 años, hasta su muerte, a los 51. Ella siempre reconoció que fueron muchos los momentos difíciles que pasaron juntos, pero también los momentos memorables.

Uno de ellos fue la peregrinación que hicieron juntos a la Virgen de Lourdes, en 1958: «Él allí ofreció a la Virgen su inmensa, fecunda y bendita alegría», contaba Lucy, quien le propuso comprar una vela para ponerla ante la imagen de Nuestra Señora de Lourdes, a lo que Lolo respondió: «Cómprale la más grande que haya para que arda nuestra fe mucho», contaba su hermana.

En la mente de Lucy siempre estaba Lolo, y sus recuerdos con él. Decía que lo que más le gustaba era que a su hermano le llamasen «el santo de la alegría», por cómo supo llevar su enfermedad.

Lolo, que tenía devoción por su hermana, la escribió una dedicatoria en su libro El sillón de ruedas, en la que decía:

A tus manos, las palmas dulces, que reeditan en las fibras anquilosadas el milagro de la resurrección de la carne.

A tus ojos, las pupilas, hasta las que si uno se aúpa lo deslumbra la presencia de unos rasgos nazarenos.

A tu palabra, cicatriz, ala, gloria y esperanza.

A tu silencio…

A tu corazón, fragua y manzana, que limita, de un lado, con los cielos y estrellas. De otro, con la imagen fija de un Cristo repetido.

A toda ti, Lucy hermana, por quien hoy toco, veo, canto, rezo y amo; a ti, radiante, a quien ha encarnado, sobradamente, la Ternura.

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