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Artículo original en ABC.

El periodismo ya tiene quien le escriba. Jose Luis Martín Descalzo, de guardia, como siempre, en la Newsroom del diario de avisos celestes, convocó a los habituales. Recibían esta semana, por sorpresa y con urgencia, a un maestro del periodismo, sacramento de los signos de los tiempos. Eduardo T. Gil de Muro se incorporaba a la plenitud de sentido, después de haber convertido la santidad en titulares de místico sujeto, verbo y predicado. El carmelita Gil de Muro, de aquellos periodistas y sacerdotes de la Escuela Oficial de Periodismo, hizo de la TVE el campanario del Pueblo de Dios con más audiencia de los domingos. Y a la retransmisión de la misa le sumó unas «Últimas preguntas», que eran primeras. Ahora, el P. Gil de Muro, maestro también de periodistas, descansa en la paz del Dios al que amó.

Pero el motivo de la previsión informativa era otro. En los teletipos de la agencia del empíreo se anunciaba la entrega, por parte de la presidenta de la Federación de Asociaciones de Periodistas de España, Elsa González, del Diploma de Honor a Lolo, al beato Manuel Lozano Garrido, por su «ingente aportación moral e intelectual a la profesión». Convocado el acto en Linares por la Asociación de la Prensa de Jaén, la presidenta de los periodistas entregó el salvoconducto, por más que la concesión no estuviera lejos de las «henchidas supersticiones» que achacara Menéndez y Pelayo a la clase periodística.

El Beato Lolo, en la redacción celeste, sonreía mientras recordaba que Jose Luis Martín Descalzo le dijo un día: «Tu vida fue para mí una gracia el día en que celebré misa en tu casa. Tu muerte ha sido para mí otra gracia luminosa, en estos años en que nos obstinamos en ver oscuro lo que Cristo nos entrega cada día tan claro».

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