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  4. Quién es el prójimo y cómo amarlo, por el beato Lolo

Anverso… y reverso ¡una entrada de teatro!

Ni siquiera pone de qué año, pero sí el día y la hora. Alguien puso a mano «diciembre». La «función artística» era benéfica, para CARIDAD.

Eso es el anverso: Poncela y su comedia: ‘Un marido de ida y vuelta’. No se habla del reparto de actores. Perel reverso sí queda «muy bien explicado». Un simple apunte de Lolo para enseñar sencillamente quién es el prójimo y cómo amarlo.

¡¡¡Leed, por favor, el tal reverso!!!

 

La caridad es el poder de hacer milagros que se nos da a los hombres para siempre.

A ver si no es un milagro, por ejemplo, que uno compre una entrada o se siente unas horas en la butaca de un teatro y después, en algún sitio, su gesto llegue a cicatrizarla herida de un corazón que sangraba.

Pero con la Caridad hay el peligro del necesario valor material que le damos. A dos, nueve o veinte duros le ponemos signos de Caridad de tercera, segunda o primera división, cuando la verdadera categoría está en el alma que se pone, en el corazón que se da. Claro que nuestro corazón echa raíces en el dinero y el bulto de las pesetas es también el de nuestra generosidad.

Moneda por moneda, Belén, con un pesebre y una cueva prestados, apenas si vale lo que un puñado de paja, pero nosotros y todos los hombres que han de venir luego, vivimos de las rentas de aquel inmenso don de Cristo.

¿Qué precio tendrían cuatro panes morenos y cinco peces de río en los tiempos de Jesús? ¿Más o menos que ahora una butaca de teatro? Y, sin embargo, toda la marea de gentes quedo saciada. ¡Es más! Cristo hizo dos milagros de panes y peces para su tiempo y, como aún le parecía poca generosidad, la noche del Jueves Santo multiplicó su Cuerpo en eternos Panecillos de felicidad y de gloria para todas las generaciones.

Lo que también quiso hacer con sus dos milagros es decirnos:

«Hago esto dos veces para que lo vayáis entendiendo y sepáis que la de tres os toca a vosotros y es la vencida, la vencida del Amor y la generosidad para con los hermanos».

Por eso, con el amanecer de cada día la luz del sol viene a ponernos sobre la frente, una cita de oro; es el recuerdo de que ese día no debe morir en nuestra alma sin que, de algún modo, se hayan multiplicado los panes y los peces de amor de nuestro corazón.

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