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Catalunya Cristiana, 26 de mayo de 2013
Redacción (Madrid)

El periodista de «Catalunya Cristiana» habla de su trabajo como de una auténtica bendición de Dios.

Samuel Gutiérrez Aparcero, periodista de Catalunya Cristiana, recibió el pasado 16 de mayo el premio Lolo de Periodismo Joven, concedido por  la Unión Católica de Informadores y Periodistas de España. El galardón lleva el nombre del escritor y periodista Manuel Lozano Garrido, «Lolo», beatificado en 2010 y considerado un  referente para los periodistas católicos. Así pues, el galardón es un reconocimiento a los jóvenes periodistas  que trabajan al servicio de la verdad. Precisamente, la estatuilla lleva graba da la frase del propio Lolo «la verdad  es el corazón de la palabra».

Samuel Gutiérrez Aparcero (Sant  Feliu de Llobregat, 1977) es redactor del semanario Catalunya Cristiana desde el año 2000. Es licenciado en Periodismo por la Universidad Autónoma de Barcelona. Inició su carrera  profesional a través de colaboraciones  en la revista VaiVé, en Ràdio Sant Feliu y el Centro de Estudios Comarcales del Baix Llobregat durante los años  1996 y 1998.  

Después realizó prácticas externas en Radio Nacional de España en Cataluña y colaboró en la revista La Veu del Carrer, durante el curso 1998-1999.

Con motivo del cónclave que eligió al nuevo papa Francisco, Samuel  Gutiérrez se desplazó a Roma para  cubrir como enviado especial de Catalunya Cristiana y Ràdio Estel los importantes acontecimientos del  Vaticano tras la renuncia del papa Benedicto XVI.

intervencion de samuel gutierrezAl recibir el galardón, Samuel  Gutiérrez habló de su trayectoria en Catalunya Cristiana, un medio de comunicación «familiar, sencillo, evangelizador», y que le ha permitido a lo largo de todos estos años «poder trabajar al servicio de la verdad y de la Iglesia, cooperar en la construcción del Reino», lo que «ha sido y sigue siendo para mí una auténtica bendición de Dios».

El otro galardonado con el premio Lolo de Periodismo Joven fue Pedro J. Rodríguez, editor de informativos de Telemadrid. Pedro José Rodríguez Rabadán es licenciado por la Universidad San Pablo CEU. Su trayectoria profesional está vinculada a la televisión y la radio desde su inicio: RNE, Cadena
COPE y Popular TV. En 13TV dirigió y presentó el programa De Hoy a Mañana. Actualmente edita Telenoticias 2 de Telemadrid, donde ha editado otros informativos, dirigido la sección de Nacional y presentado programas informativos. Fue galardonado con el Premio del Club Internacional de Prensa al Mejor Periodista Joven.

«Soy de los que piensan que el periodista cristiano  tiene la exigencia evangélica, como la tenía el beato Manuel Lozano Garrido, de estar siempre abierto  a dejarse sorprender por Dios»

 


 

Intervención de Samuel Gutierrez:

Siempre resulta agradable que a uno le reconozcan el trabajo realizado. Más aún si es un reconocimiento que no lo ha buscado y si se trata de un trabajo discreto, sin demasiada incidencia pública y en un medio más bien modesto, como es Catalunya Cristiana. Pese a estas características tan poco llamativas a la luz del mundo, les confieso que para mí el mejor premio siempre ha sido poder trabajar en un medio así: familiar, sencillo,  evangelizador… Poder trabajar al servicio de la verdad y de la Iglesia, cooperar en la construcción del Reino, ha sido y sigue siendo una auténtica bendición de Dios.

Los años de ejercicio de esta hermosa profesión han sido toda una escuela de vida. He aprendido muchísimo. Cada entrevista, cada reportaje, cada gran o pequeño evento eclesial cubierto ha sido ocasión de crecimiento. No sólo profesional y humano, sino también espiritual. En ocasiones, incluso, ante algunos entrevistados o en algunos actos he llegado a sentir que me hallaba, como Moisés, ante «tierra sagrada». Es decir, ante el misterio mismo del Dios vivo. De hecho, si algo me apasiona de esta profesión es la posibilidad de descubrir el rostro y la presencia de Dios en las personas y acontecimientos con las que me voy cruzando. Es lo que los teólogos llaman «encarnación continuada».

¿No me dirán ustedes que esto no es un privilegio? Es un privilegio, desde luego, pero también una gran responsabilidad. Te obliga a permanecer unido a la fuente, a Jesucristo, para poder después reconocerle en las personas y en los acontecimientos. El Señor, decía Teilhard de Chardin, «te acosa por fuera y te ilumina por dentro». Éste es el ejercicio que como periodista me siento llamado a hacer continuamente. Confieso, sin embargo, que demasiado a menudo pierdo esta perspectiva y me dejo guiar por otras coordenadas… Mea culpa y vuelta a empezar. Como sucede con la experiencia del pecado, el drama no es haber caído, sino renunciar a levantarse, o más aún, a dejarse levantar. Soy de los que piensan que el periodista cristiano tiene la exigencia evangélica, como la tenía el beato Manuel Lozano Garrido, de estar siempre abierto a dejarse sorprender por Dios.

Lolo es un buen ejemplo, incluso en medio de la enfermedad y del dolor. Y precisamente, porque mantuvo siempre viva esa ilusión, con alegría, se ha convertido en un gran referente para los periodistas católicos.

El papa Francisco, en la audiencia que pocos días después de su elección concedió a los periodistas, habló de las enormes similitudes que hay entre la labor de los periodistas y la misión de la propia Iglesia. En ambos casos, decía, existe un servicio a la verdad. Aquí se encuentra para mí la clave hermenéutica de una profesión que, en los últimos tiempos, se ha visto sometida demasiado a menudo a los intereses personales o del mercado. El periodismo es servicio. Servicio a la verdad. Y los periodistas somos instrumentos. Más aún, desde la fe, diría incluso que somos «siervos inútiles que sólo hicimos lo que teníamos que hacer».

(Palabras de Samuel Gutiérrez tras recibir el galardón)

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