Hoy conmemoramos el 10º aniversario de la marcha de Lucy Lozano Garrido a la Casa del Padre. Allí, sin duda alguna, se volvió a encontrar con su hermano Lolo, a quién cuidó y acompañó en su larga enfermedad.

En primer lugar, completamos y os compartimos un sencillo vídeo recuerdo que publicamos aquel día. A continuación, os transcribimos unas preciosas páginas escritas por Lolo a Lucy, en su libro Las estrellas se ven de noche.

Cerramos esta entrada, con enlaces que te pueden ayudar a seguir profundizando en esta excelente mujer y en la bella historia de Amor que vivieron el beato Lolo y su hermana Lucía Lozano Garrido.

Ha muerto Lucy, hermana y cuidadora personal de Lolo, durante sus largos años de enfermedad. Desde Amigos de Lolo queremos rendir este sencillo homenaje de agradecimiento por su vida y testimonio de Amor (10 marzo 2014).

 

¿Qué era Lucy para el beato Lolo?

Lolo nos explica, en su libro-diario Las estrellas de ven de noche, qué era su hermana Lucy para él:

15 noviembre.- Lucy, un nombre o una imagen que yo proyecto o escribo hoy en mi frente con un gran signo de interrogación: ¿qué características tiene su mal, qué es posible hacer para aliviarla y hasta qué punto su atadura a mí impide su recuperación?

Visitas a especialistas, diagnósticos y cantidad de medicamentos, que, con lso míos, ya hacen de los estantes la botica de D. Hilarión. Las taquicardias siguen repitiéndose, aunque por cierto ahora no son aparatosas. El electro no da nada. Pudiera se un algo de vértebra. Cuando hace más de quince años la operaron, le pusieron raquis y, como a partir de entonces se viene resistiendo, se lo achacábamos a la anestesia, pero ahora cabe aventurar que fuese distinto.

– «No es nada importante, no es nada importante -dicen los médicos-. Y, sin embargo, yo realmente me siento morir».

Morir: una palabra con sacudidas de alta tensión. Veintitantos años pesándola y pronunciándola en función mía únicamente. Morirse como yo todos los días, empezando de joven y hasta hoy que tengo canas. ¿Hay algo más torturante o depresivo que la cita de nuestra propia desaparición? Pues sí que lo hay.

La vista que ya no me queda, las manos que tengo quietas, los pies que no se deslizan, el destino que se perdiera, la risa, la esperanza, el signo del recuerdo, el gozo del amanecer, la paz al acostarme y la vida entera repicando sobre las dificultades y desventuras: a eso es a lo que se llama Lucy y aún a más.

Si ahora me operaran a corazón abierto -este que conservo tan firme, según dicen- se vería el gozo de este suyo, trasplantando en mí frutos de ternura y sacrificios y ese otro suyo pobrecito que a ella le late que es el mío y todavía queda vivito y coleando. ¿Pude yo pronunciar nunca la soledad? ¿Qué plato faltó en mi mesa que no lo condimentaran su esfuerzo y su ideal? ¿De dónde ha venido la luz del amanecer, hasta con nublos? ¿Y este sonajero que no suena y a la vez suena por todos los pasillos y rincones de la casa?

Morir sin ella. ¡Qué escalofriante y desolador se me hace así el cruce de la raya final, pero, algo, como el chasquido de un foco que se enciende de pronto, me cruje en medio de la noche oscura del interior, iluminándolo todo en fe y en gracia de recuerdos! Qué tremendo horror el de mi existencia malherida, pero simultáneamente qué bálsamo constante sobre todas las tribulaciones.

(diálogo entre Lolo y Lucy)

– «Estoy desahuciado y por eso me mandan al pueblo», pude decir un día.

«Yo te daré mi fuerza y mi ayuda de chica joven», me contestó en el acto.

– «Ya nunca he de poder caminar».

«Contigo recorreré yo todos los senderos y atajos del mundo»

– «No veo»

«Toma en las pupilas hasta esta luz de mi nombre que te doy».

– «Qué duro el silencio de este cuarto».

«Yo me haré caracola con que recogerte los ecos del mundo».

– «¡Cuánta desolación en el pensamiento de la muerte!»

«¿Pero es que no sientes ya en tu corazón las raíces y la savia del árbol de mi vida?»

 

Los minutos del día son pocos para encajar la larga letanía de sus maravillosos y dulces contrapuntos.

No soy nada de mí porque todo lo he perdido, pero al mismo tiempo, soy todo de ella en mí porque coincidentemente todo lo he ganado.

Todavía no se habían inventado los trasplantes y ya tenía yo en mí, el injerto de sus ojos, su lengua, su corazón inmenso, sus manos y sus pies. Humanamente pudiera decir: ¿Y por qué he de ser precisamente yo el señalado para tantos sufrimientos? Pero en realidad lo que verdaderamente tengo que exclamar ¿Cómo se me escoge a mí como destino del fruto de tanto gozo y generosidad?

Y es Lucy -LUZ- lo es de sí, pero mucho más del faro de la Providencia. Su vida o su misión se escriben con la misma y espontánea pujanza que los nombres de pájaros, heno, vestido y pan de la famosa parábola. La prodigalidad de Dios tomó su naturaleza por vasija y, rebosando, me baña en el hacer, pensar, soñar y querer. A cada paso, mi vida limitada siente esa humana tiniebla que es no ver a Dios, pero la paternidad de El la veo y la siento en ese cauce de su ternura a fuerza de tenerla siempre tan próxima.

Por su permanencia he llegado más que al presentimiento, al convencimiento de que, por gracia de Dios, nunca ha de faltarme mientras viva. Por eso, en esta hora de tentación y de agonía, repito una y otra vez esa creación de confianza que es el «Hágase tu voluntad», como hasta ahora se vino haciendo con tanta benevolencia y prodigalidad.

 

Conoce un poco más a Lucy

(A quién tanto tenemos que agradecer el mundo entero…)

Os compartimos estos enlaces a diferentes artículos que te pueden ayudar a conocer un poco mejor a Lucy Lozano Garrido, hermana del beato Lolo, su cuidadora que convivió con él su larga enfermedad:

obispo de jaen da a besar la reliquia del beato lolo

Mons. Ramón del Hoyo López dando a besar la reliquia del beato Lolo a Lucy, la hermana del beato Lolo, en la primera Fiesta del beato Lolo.

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