“Ciencia y técnica, Contra la leucemia, El doctor Sánchez Pérez-  inventor del seriógrafo, Ha sido otorgado el premio March of Dimes, Iglesia del concilio, La aspirina-  ese mágico medicamento, La circulación de la sangre descubierta por los peruanos, La historia de Lelia Velline, Limpieza corporal y espiritual, Luz roja para los barbitúricos, Niebla artificial para afecciones respiratorias, Noticiario de Sinaí, Pedagogía musical, Taller-Escuela para Subnormales, Un alimento completo-  el yogurt.”

 

Este es el contenido completo de este número doble de “Sinaí”. Y, como podemos ver, abarca todos los temas que suele contener cualquier número de la revista de la Obra de Lolo. Y esta corresponde a los meses de julio y agosto de 1968, tiempo en el que, por cierto, su Director se encontraba de vacaciones como bien se nos dice en un momento determinado (p.6):

“En el próximo número, cuando nuestro Director regresa de su veraneo, reanudaremos las acostumbradas noticias sobre nuestros hermanos, bienhechores y amigos, incluso de Méjico. Mientras tanto, deseamos a todos los queridos miembros de ‘Sinaí’ un verano lo más dichoso posible”.

Y es que Lolo también merecía un descanso veraniego…

Empieza este número con el Editorial de título “Limpieza corporal y espiritual”. Y es que bajo el texto bíblico del Evangelista Juan (9,7) “Vete y lávate en la piscina de Siloé. Fue, pues, se lavó y volvió con vista” nos habla el Director de “Sinaí” de que sí, de que es más que bueno eso de bañarse, ahora que tanto calor hacer (hacía en aquellos meses de julio y agosto) y que el cuerpo apetece del contacto más abundante con el agua. Sin embargo, también es muy importante la limpiezas espiritual, la del alma.

“Bueno es meditar también en la limpieza del alma, si queremos reconciliarnos realmente con el líquido elemento. Metafóricamente hablando, su íntima relación con la vida espiritual debe movernos a meditación.”

Por otra parte, se nos habla en este número doble de la aspirina, entonces en pleno auge de uso y, digamos, disfrute. Y aunque sea cierto, como se nos dice aquí, que si bien no cura “ninguna enfermedad, tiene tantas aplicaciones que su uso se extiende cada vez más”. Y es

“Este año se ha cumplido el centésimo aniversario del nacimiento del descubrir de la aspirina, el químico Félix Hoffman, nacido el 21 de enero de 1968 en Ludwigsbur (Alemania)”.

Y añade que

“Durante sus estudios ya aplicó el principio de acetilación a varias materias. Pero lo que le consagró como benefactor de la Humanidad fue la limpia sintetización de la aspirina, en 1893, cuando estaba empleado en los laboratorios de la Bayer & Co., en Elberferd.”

El caso es que hay algo curioso al respecto del principio que constituye tal medicamento. Y es que “es oriundo de una familia de hierbas medicinales que ya se usaban desde la Edad de Piedra. Tales remedios herbáceos son los salicilatos, que se encuentran en el tronco, fruto y otras partes de muchas plantas. Los indios americanos reducían la fiebre con la corteza del sauce. Hipócrates recomendaba preparados de cause para combatir el dolor y la fiebre”.

Y como sucede siempre en “Sinaí” los ejemplos de superación están a la orden del día. Hoy le ha tocado a Fulgencio Munguialday, de cincuenta y ocho años que, aún después de quedarse ciego sigue al cuidado de su caserío en Navarra que incluye, claro, ganado.

El artículo ha sido extraído de “Pueblo” y su autor es J.M. Amilibia que, en un momento determinado, nos dice a los lectores:

“¿Qué cómo me quedé ciego? Es una historia muy corta. Cuando tenía diecisiete años mal hechos, estando cortando leña, se me clavó una astilla en el ojo. Pero las cosas fueron a peor, y al cumplir los cuarenta ya perdí la vista por completo. ¿Qué si soy desgraciado? No, amigo, no. No puedo serlo, porque creo en Dios y en el trabajo. A lo mejor si me hubiera quedado sentado en el sillón del balcón, panza arriba y al sol, pues igual entonces sí, porque hubiera tenido tiempo para pensar, ¿sabe? Pero ahora no; ahora no tengo tiempo.”

/…/

“Uno piensa en lo que supone dieciocho años de oscuridad y siente un breve escalofrío por la espina dorsal. ¡Amamos tanto lo que vemos!”

Y sí, si uno lo piensa le viene, inmediatamente al pensamiento el ejemplo de Lolo que, estando ciego ya entonces, tampoco se creía desgraciado ni nada por el estilo.

Y abundando en este tipo de personas que, a pesar de todo, se levantan y no se dejan caer nunca, viene a las páginas de “Sinaí” Lelia Velline, ciega que inventó un sistema de alfabetización y que recuperó la visión cuando visitaba al Vicario de Cristo en la tierra.

El caso es que Leila, a los catorce años, perdió la visión del ojo izquierdo y a los veinte dejó de ver por completo.

Podemos imaginar la situación de Leila. Sin posibilidad económica para tratar de solucionar su enfermedad, acabó siendo maestra y estudió diseño, pintura y escultura. También se formó en Braille e, incluso, ideó un sistema que mezclaba el de los ciegos con el, digamos, ordinario.

Leila quería dar a conocer su sistema con el que sabía saldrían muy beneficiados los ciegos. Y tenía una gran ilusión por visitar a Juan XXIII y mostrarle el sistema que había creado. Sin embargo, su situación económica no era buena y tuvo que pasar a la Casa del Padre el Papa Bueno y ocupar la silla de Pedro Pablo VI. Entonces, con ayuda de otras personas, pudo viajar a Roma para mostrarle al Santo Padre aquello que ella sabía era muy beneficioso.

Entonces, justo en el momento de estar ante el Papa sintió que algo hería su frente. De repente se dio cuenta de que podía ver otra vez.

Y, como no puede ser de otra forma, también abundan en este número de “Sinaí” aquellas noticias que mueven al optimismo:

“Checoslovaquia -El cardenal Franz Koening, de Viena, ha dicho que la jerarquía de la Iglesia católica en Checoslovaquia se siente optimista al futuro de la religión en su país.”

“En distintos hospitales de Inglaterra se están ensayando actualmente mantas formadas por un tejido con propiedades bactericidas. Este tejido, formado principalmente por lana y fibras acrílicas, ha sido tratado previamente con una solución de formaldehido. Las numerosas pruebas realizadas demuestran que los gérmenes, en contacto con este tejido, son destruidos inmediatamente”.

Y, ya por último:

“Los doctores Víctor Fredette y André Gagnon, del Instituto de Microbiología e Higiene de la Universidad de Montreal, han declarado haber descubierto una bacteria que, al parecer, destruye las células cancerosas sin afectar a las colindantes. Se trata de un bacilo anaerobio, descubierto por Pasteur en 1861, que, experimentado por los dos médicos, ha destruido células cancerosas sin dañar a las sanas.”

Y no está nada mal terminar el día de hoy sabiendo que siempre ha habido quien se ha superado a sí mismo en beneficio del prójimo.

 

(Continuará)

 

Puedes leer todos los artículos de la serie Lourdes-Sinaí-Lolo en este enlace.

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