En realidad, el contenido material de todo esto no podemos decir que sea de dimensiones importantes. El caso es que en las cosas de la fe no importa lo que haya de esto sino que importan otras cosas que tienen poco que ver con la grandilocuencia de la realidad que muestra, tantas y tantas veces, la vanidad que envuelven determinados comportamientos.

Esto lo decimos por lo que sigue.

El que esto escribe recibió hace pocos días un sobre. Procedía de Jaén y había sido enviado por una persona a tener en cuenta por la labor que lleva a cabo en la difusión y mayor conocimiento del Beato linarense, a la sazón Manuel Lozano Garrido. Y me refiero, y creo que debo citarlo, a D. Ignacio Segura Madico, a la sazón, persona importante en CECO, a saber, Ciegos Católicos Españoles, que es un lugar más que adecuado para que Manuel Lozano Garrido predique como predica quien ha pasado a oscuras, de los ojos, una parte de su vida.

Todo esto lo decía porque, como digo, hace unos días recibí un sobre con algo que, al que esto escribe, le ha llegado bien dentro: una reliquia.

Pone allí: “Tela usada por ‘Lolo’”. Y a uno se le pone como un nudo en la garganta y uno doble o triple en el corazón al leer esto y darse cuenta de lo que esto supone.

A lo mejor a quien no tenga la fe católica le pueda parecer esto algo fuera de lugar y una especie de adoración a lo material. Sin embargo, quien así piensa es que tiene conocimiento cero del sentido que el católico le da a las reliquias que no es, precisamente, la de adorar un trozo de tela o sea el tipo del que sea la misma. No. Nosotros, que tenemos fe en Dios Todopoderoso y en aquellos que El Señor ha puesto en el mundo para ser ejemplo de lo que es bueno y mejor… pues eso, que gozamos mucho con este tipo de realidades que van más allá, mucho más allá del infinito sin salir del corazón, que no es poca cosa ni cosa de poca importancia.

Esto, digo, pudiera parecer que carece de sentido pero uno, cuando tiene en sus manos algo que ha pertenecido, materialmente, a alguien como Lolo, no pude dejar de pensar en quién era Lolo, en cómo era Lolo, en qué tipo de vida espiritual llevó, en cómo se enfrentó al sufrimiento y obtuvo cien y más por ciento de gozo y salud del alma,  en qué nos dice ahora mismo a nosotros con sus palabras escritas que han devenido en universales y eternas, en qué podemos aprender con su ejemplo, en, en, en…

Es bien cierto y verdad que Lolo hace mucho bien a quien se acerca a quien fue en vida y es en el Cielo (allí está por derecho, y no sólo canónico, suyo) y que en las cientos de páginas que dejó escritas, en sus libros, hay una especie de luz interior que nos llega que sólo puede provenir del Espíritu Santo de tan benéfica como es.

Seguramente, quien sea capaz de juntar más palabras y tenga más capacidad de hacer eso que quien esto escribe (y seguro que son muchas personas) podrán decir mejores cosas y loar mejor a trozo de tela porque fue llevaba por un Beato de la Iglesia de Jesucristo, la que fundó quien tanto sufrió. Sin embargo, a mí me basta y me sobra con agradecer que algo tan pequeño contenga algo tan grande como es la fe, la creencia en el poder del amor y, en fin, la eternidad ganada y más que bien ganada.

También, por cierto, contenía el sobre citado algunas otras cosas pero eso me lo guardo como secretillo pues son cosas que también van a hacer mucho bien a quien esto escribe.

Muchas gracias, pues, a todos aquellos que, pudiendo, hacen el bien de esta forma tan sencilla pero tan, y tan, profunda que tanto tiene que ver con Lolo.

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