No hay duda alguna de que la fecha del 5 de septiembre fue importante en la vida del niño Manuel Lozano Garrido. Aquel día, de 1920, lo llevaron a recibir el bautismo en la Iglesia de Santa María la Mayor de Linares, hoy día Basílica menor, y lo recibió en la misma pila bautismal en la que fuera bautizado San Pedro Poveda, otro linarense universal.

Por tanto, no es extraño que sea hoy mismo, 5 de septiembre pero muchos años después (100) cuando dé comienzo oficial el tiempo en el que, muy especialmente, se va a celebrar el Centenario del ya Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo.

Por tanto, al igual que le sucedió a nuestro hermano en la fe que, al ser bautizado, le fueron infundidas las virtudes sobrenaturales y los dones del Espíritu santo, nosotros debemos, por ejemplo,

-Tener la fe fuerte y profunda que tuvo Lolo,

-No caer nunca en la desesperanza como nunca cayó Lolo,

-Saber siempre tener en cuenta al prójimo y ejercer la caridad en sus muchas formas, como hizo Lolo,

-Poner en práctica el don de la sabiduría para, como hizo Lolo, entender lo que Dios quiera según Su proyecto,

-Poner en práctica el don de entendimiento para comprender, como hizo Lolo, lo que Dios nos revela en el corazón acerca de nuestra propia vida y existencia,

-Poner en práctica el don de consejo para, como hizo Lolo, saber escuchar y orientar,

-Poner en práctica el don de ciencia, de la de Dios y no de la del mundo, para, como hizo Lolo, comprender lo que Dios piensa de nosotros como supo hacer en su libro “Reportajes desde la cumbre”,

-Poner en práctica el don de piedad para que, como hizo Lolo, estemos siempre abiertos a la santísima Voluntad de Dios,

-Poner en práctica el don de fortaleza para que, como hizo Lolo, seamos valientes ante las circunstancias adversas que se nos presenten y, por fin,

-Poner en práctica el don de temor de Dios para que, como hizo Lolo, nos apartemos de todo lo que pueda desagradar a nuestro Padre del Cielo.

Y es que esto es lo que recibió el Beato Manuel Lozano Garrido aquel día 5 de septiembre de 1920 en su Linares natal.

Un año, pues, o casi, por delante, es un tiempo bastante prolongado como para que la figura de nuestro hermano en la fe brille con la luz que debe brillar un santo y, además, sea ejemplo de lo que se puede llegar a ser teniendo fe  y no olvidándose de ella.

El “Año Lolo” (así lo vamos a llamar desde ahora) ha de ser más que fructífero para demostrar que

 

  • Es posible enfrentarse al sufrimiento con gallardía y valentía,
  • Es posible no arredrarse ante nada,
  • Es posible vivir la fe católica con verdadera unidad de vida,
  • Es posible mirar al mundo sin ir al mundo con los ojos y el corazón bien abiertos,
  • Es posible ser semilla y ser levadura aunque pueda parecer imposible.

 

A nosotros, de todas formas, nos gustaría que sí, que este año que ahora comienza diera mucho fruto en el corazón de todos aquellos que conozcan al Beato Lolo bien por primera vez o por muchas veces más. Pero nos gustaría aún más que este Año Lolo no tuviera nunca final y que el linarense universal nacido ahora hace 100 años, permaneciera en el corazón de los que lo acojan y que se quedara allí para siempre, siendo eso, semilla y levadura. Así, crecería en el templo del Espíritu Santo una gran fuerza y crecería como una imparable forma de dar gracias a Dios por habernos dado a Lolo que, ya en el Cielo, seguro se está regocijando de todo esto.

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