Los medios de comunicación social lo han dicho:

“La Diócesis de Jaén acoge del 9 al 11 de marzo la Asamblea de delegados diocesanos de Medios de Comunicación Social, un encuentro que reúne a responsables de comunicación de diócesis de toda España para abordar distintos aspectos relacionados con la comunicación eclesial.”

Y también han dicho esto otro:

“La visita se realiza junto a la Asociación Amigos de Lolo, con el objetivo de recordar la figura del que es considerado el primer periodista laico elevado a los altares.”

Y es que todo se enmarca en esto:

“Visita a Linares y homenaje al beato Manuel Lozano Garrido”

Hasta aquí lo que otros han dicho sobre lo que ha acontecido en la Asamblea de delegados de comunicación de la Iglesia en España que ha tenido lugar apenas hace una semana y que ha acogido la Diócesis de Jaén.

De todas formas, aquí lo que nosotros nos importa es quien, en verdad, es el verdadero protagonista de todo esto. Y no es más que un periodista de nombre Manuel y de apellidos Lozano Garrido. Sí, nuestro Lolo, el comunicador por antonomasia a quien, además, se le pide sea nombrado el Patrón de los periodistas españoles y es que, el que esto escribe no entiende que aún no lo sea…

Si hay algo que tenemos muy claro las personas que hemos tenido la inmensa fortuna de conocer a Lolo es que nuestro amigo era un comunicador nato y que por sus venas más que sangre, además, corrían letras, párrafos, ideas… en fin, todo aquello que hace que una persona pueda considerarse, exactamente, periodista.

Pero Manuel Lozano Garrido no era un periodista cualquiera porque era uno que lo era católico. Y eso, se diga lo que se diga, es algo más que un simple junta letras como, por desgracia, son muchos de los comunicadores que pululan hoy día por los diversos medios de comunicación que existen.

Lolo era un verdadero periodista por esto:

1.Da gracias al ángel que clavó en tu frente el lucero de la verdad y lo bruñe a todas horas. 

2.Cada día alumbrarás tu mensaje con dolor, porque la verdad es un ascua que se arranca del cielo y quema las entrañas para iluminar, pero tú cuida de llevarla dulcemente hasta el corazón de tus hermanos. 

3. Cuando escribas lo has de hacer: de rodillas para amar; sentado para juzgar; erguido y poderoso, para combatir y sembrar. 

4. Abre pasmosamente tus ojos a lo que veas y deja que se te llene de savia y frescura el cuenco de las manos, para que los otros puedan tocar ese milagro de la vida palpitante cuando te lean. 

5. El buen peregrino de la palabra pagará con moneda de franqueza, la puerta que se le abre en la hospedería del corazón. 

6. Trabaja el pan de la limpia información con la sal del estilo y la levadura de lo eterno y sírvela troceada por el interés, pero no le usurpes al hombre el gozo de saborear, juzgar y asimilar. 

7. Árbol de Dios, pídele que te haga roble, duro e impenetrable al hacha de la adulación y el soborno, pero con tu frente en las ramas a la hora de la cosecha. 

8. Si a tu silencio se llama fracaso porque la luz falta a la cita, acepta y calla. Pobre del ídolo que tiene los pies del barro de la mentira. Pero ojo a su vez, con la vanagloria del mártir cuando las palabras no suenan por cobardía. 

9. Siégate la mano que va a mancillar, porque las salpicaduras en los cerebros, son como sus heridas, que nunca se curan. 

10. Recuerda que no has nacido para prensa de colores. Ni confitería, ni platos fuertes: sirve mejor el buen bocado de la vida limpia y esperanzadora, como es. 

En efecto, este es su Decálogo del periodista qué él cumplió a la perfección con una vida de sufrimiento y de entrega a la que, al fin y a la postre, acabaría siendo su profesión y es que maestro quería ser y, ¡vaya por dónde!, maestro acabó siendo. Por eso publicó cientos de artículos en los medios de comunicación de la época, por eso dio inicio y continuó con la revista Sinaí que tan maravillosos artículos suyos contiene y por eso fue capaz (incluso o, sobre todo, teniendo en cuenta su ceguera) de publicar nada más y nada menos que 9 libros y alguno más que salió después como es, por ejemplo, Las siete vidas del hombre de la calle del cual, este que escribe, tuvo el inmerecido honor de escribir su Prólogo.

Que Lolo era y es un inmenso comunicador católico lo dicen sus miles de inspiradas palabras escritas y dadas a la luz además de las que, seguramente, aún quedan por que nos iluminen.

Que Lolo era y es un inmenso comunicador católico lo dicen todos aquellos que le han conocido y lo están conociendo ahora mismo.

Que Lolo era y es un inmenso comunicador católico lo dice el sentido cristiano que dio a sus escritos donde no hay línea de la que no pueda obtenerse un fruto abundante.

Que Lolo era y es un inmenso comunicador se deduce de lo que uno puede saborear cuando entre sus manos cae un texto de los suyos y se da cuenta de que allí hay inspiración del Espíritu Santo… ¡Porqué no decirlo!

Que Lolo era y es un inmenso comunicador es algo esencialmente cierto que nadie puede desmentir porque es una verdad tan grande como cualquier catedral católica del mundo, la más grande aún quedaría pequeña para un alma tal llena de vida en sus sílabas.

Que Lolo era y es un inmenso comunicador lo dice estas mismas palabras que surgen, precisamente, de su estela y el camino trazado por sus palabras.

Agradecidos estamos todos aquellos que bebemos abundantemente de la fuente de inspiración y de trabajo del Beato de Linares y mucho más, todavía, lo estamos a Aquel que, entre sus hijos, suscitó un ejemplo tan diáfano de profesionalidad y eficacia.

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