Era la viva imagen de la alegría vivida en el dolor, como bien dice en el título de su libro el P. Rafael Higueras Álamo y que no es otro que “Vida y virtudes de Manuel Lozano Garrido (Lolo) inválido y ciego, periodista y escritor” (P. 161):

“Manuel Lozano vivió en el dolor y vivió en la alegría, porque Dios, que la había regalado el dolor, también había creído en la realidad del amor sin condiciones de Lolo a Dios”.

Seguramente podríamos haber puesto aquí muchas imágenes de las que quedan de Lolo en las que se le ve sonreír. Pero creemos que ésta, al lado de su hermana-madre Lucy tiene un especial significado: se ve al Lolo gozoso muy a pesar de…

No podemos olvidar que el pesar es mucho pesar.

La vida, digamos, material o física que llevó el Beato Lolo no fue muy sencilla. Y es que cualquiera que conozca los libros que el linarense universal dio a la luz al mundo (y si no los conoce quede esto como anticipo) sabe más que bien que no es que esconda lo que le sucede sino que expresa, crudamente y, a veces, hasta humorísticamente, sus muchos padecimientos. Y en tal expresión de ironía, incluso, como decimos, de humor ante lo que le acaece, se puede ver más que bien la alegría de la que aquí hablamos y que nos deja verdaderamente perplejos.

Es bien cierto que Manuel Lozano Garrido tenía un corazón, no sólo de carne y de oro, sino, además, preparado para ir sufriendo poco a poco pues, poco a poco le fueron apareciendo los males físicos y, digamos, se fue adaptando a ellos, también, poco a poco, habilitando en su vida una nueva forma de hacer las cosas y de enfrentar el sufrimiento.

Esto lo decimos porque desde aquel infausto momento en el que fue destinado, en la Guerra Civil, a un lugar muy húmedo donde es más que posible que “adquiriera” para sí aquella enfermedad ósea (realmente, las circunstancias eran para eso y mucho más) que con los años fue deteriorando su cuerpo por haber convertido en una que lo era degenerativa hasta que fue llamado por Dios el 3 de noviembre de 1971 no podemos negar que lo pasó mal y más que mal.

Podemos imaginar lo que queramos pero una cosa es eso y otra, muy distinta, su comportamiento.

¿Cómo se comportó Lolo ante su sufrimiento y qué ha quedado de tal forma de comportamiento?

La imagen que ilustra este artículo dice mucho y dice todo. Y es que nos dice que Lolo gozó en vida. Sí, que gozó muy a pesar de sus dolores y sus “alfileritos” que nos dice que son los mismos clavados en su cuerpo. Y nos dice todo porque alguien que es capaz de mostrar un semblante como el que nos muestra Manuel Lozano Garrido no podemos creer que lo finja (hay otras muchas imágenes que muestran a Lolo exactamente igual) sino que supone algo que está por encima de nuestro cotidiano pensar acerca de la enfermedad.

Hay quien ha dicho (su amigo Martín Abril) que Lolo pasaba una parte del día en la Tierra y otra en el Cielo:

“Yo creo que, en cierto modo, cuando “Lolo” vivía, pasaba unas horas en la tierra y otras en el cielo. Desde su sillón de ruedas, debía escaparse, de vez en cuando, a la otra orilla donde mojaba su pluma en tinta de eternidades. De otra manera no se concibe que pudiese hacer los descubrimientos que hizo, ni ofrecernos las luces que nos ofreció”.

Es bien cierto que algo así debía pasar o, al menos, si no era así, podemos decir que su vida sobrenatural fue, eso, la de un santo, pues no se puede entender de otra forma su inspiración para escribir pero, sobre todo, su fuerza “física” para soportar lo que tuvo que soportar y que, eso es seguramente cierto, muy pocos de nosotros seríamos capaces de alcanzar un listón así…

En realidad, ver así a Lolo, sonreír de una forma tan natural y, por tanto, tan de verdad, nos da qué pensar. Y podemos pensar, primero, que no es imposible soportar ciertos pesares por los que podamos pasar pero, sobre todo, nos da por pensar que el Beato de Linares tenía una fe más que profunda y que tal apoyo fue tan fundamental en su vida que sin ella nada de esto, nada, puede entenderse.

¡Y aún sonreía! ¡Qué alma!

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