revistaecclesia.es | 5/5/2024
por Fran Otero

Con motivo de la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales reclaman que la inteligencia artificial sea liberada de sesgos ideológicos, políticos y económicos.

Los obispos de la Comisión Episcopal para las Comunicaciones Sociales han pedido que se proteja «el derecho constitucional a comunicar y recibir libremente información veraz por cualquier medio de difusión» frente a «los poderes económicos y políticos, que tantas veces desean limitarlo».

Así lo manifiestan en su mensaje, publicado este viernes —Día Mundial de la Libertad de Prensa—, con motivo de la Jornada Mundial para las Comunicaciones Sociales, que se celebra el próximo 12 de mayo bajo el título Inteligencia artificial y sabiduría del corazón: para una comunicación plenamente humana.

Del mismo modo, recuerdan a los periodistas que han perdido la vida «en el ejercicio de su servicio a la sociedad». «De manera especial en los conflictos en los que la primera víctima es la verdad y quienes la sirven. A María, reina de la Paz, y al beato Lolo, los encomendamos para que reciban el premio debido a los servidores de la verdad», recogen.

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Sobre el tema propio de la jornada, la inteligencia artificial, los obispos señalan que es una «revolución más en un mundo, en cambio, permanente», aunque añaden que «no es un medio cualquiera», pues «es capaz de crear contenido nuevo, de ordenar el contenido existente, de ofrecer mundos paralelos a las realidades que vivimos».

«Es una revolución sustancial y, aunque está en sus inicios, ya se puede decir que supera lo que supuso internet a finales del siglo pasado, o las redes sociales al principio de este», añaden.

Se trata de una revolución, continúan, que afecta «a las relaciones humanas, a las relaciones entre estados y sus ciudadanos, al empleo y al futuro laboral de las personas, a la ciencia y a la medicina, a la cultura y a la creación artística».

Beneficios y riesgos de la inteligencia artificial

También tiene un gran impacto en el mundo de la comunicación. Tiene una parte positiva, dicen: «Supone un apoyo notable para la comunicación, que mejora exponencialmente día a día. Es un buen apoyo que acabará siendo imprescindible si permite a los profesionales dedicar más tiempo a los aspectos centrales de su actividad: la profundización en las historias, en sus causas y sus consecuencias; el encuentro con las personas; la escucha de los testimonios; el desplazarse a los lugares de la noticia, etc.».

Pero también entraña riesgos: «El peligro reside en que la inteligencia artificial deje de ser un medio y se convierta en un sujeto: con iniciativa propia, con capacidad de interpretar la realidad o la actualidad según sesgos desconocidos, con empuje para ofrecer soluciones o conclusiones ajenas al corazón del hombre. Por eso, es el momento de velar, entre los profesionales, las empresas de comunicación y las instituciones públicas, para que las herramientas vinculadas a la inteligencia artificial estén al servicio de los profesionales de la comunicación, pero que no les sustituya porque las tecnologías no tienen corazón, pero las personas sí».

Principios éticos

Dicho esto, proponen que se haga una reflexión ética sobre la cuestión y aportan una serie de principios. Son los siguientes:

  • «Las decisiones humanas deben supervisar las propuestas de valor y de contenido que surgen de la inteligencia artificial».
  • «Las aportaciones de la inteligencia artificial deben ser identificadas como propuestas elaboradas con esa herramienta».
  • «También deben ser conocidos los elementos aportados, su procedencia y la evolución en la elaboración».
  • «Su contribución se debe orientar a la mayor precisión de la información y a su mejor comprensión».
  • «En última instancia, la inteligencia artificial debe estar al servicio de la verdad que el ser humano debe conocer para tomar sus decisiones en libertad».

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Finalmente, consideran que, aunque esté en sus primeras fases de desarrollo, la inteligencia artificial debe promoverse entre los más pobres y ser liberada «de sesgos ideológicos, políticos y de eficiencia económica». «El sesgo de humanidad es el único indispensable en una inteligencia artificial socialmente responsable, al servicio de la dignidad del hombre y de nuestro tiempo», concluyen.

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