El periodista granadino Francisco Carrión, último ganador del Premio Lolo de periodismo joven, ha dado voz durante una década a los cristianos de Egipto, Siria o Irak. «Ha sido un trabajo extenuante, muy intenso emocional y profesionalmente, del que me siento muy orgulloso», asegura.

alfayomega.es, 11 de noviembre de 2021
por José Calderero de Aldecoa

Después de una década como corresponsal de El Mundo en Oriente Próximo, Francisco Carrión ha regresado a España para incorporarse a la redacción de El Independiente. El nuevo redactor del diario digital fundado por Casimiro García-Abadillo atiende a Alfa y Omega precisamente en una de las escalas de ese viaje de vuelta a casa, que «está siendo fácil y difícil al mismo tiempo», explica el periodista. «Está siendo fácil el incorporarme a un equipo nuevo como El Independiente, en el que me siento muy respaldado». Lo difícil es, «después de una década fuera, volver a tu país y contar tu país. Me parecía todo un reto apasionante», asegura.

En España, además, recogerá el XIII Premio Lolo de periodismo joven. El galardón, que le acaba de conceder la Unión Católica de Informadores y Periodistas de España (UCIPE), reconoce el trabajo de Carrión en Oriente Próximo, «que ha podido acercar a los lectores españoles la situación complicada de las comunidades cristianas en esta zona», destacan en la UCIPE. «Ha sido un trabajo extenuante, muy intenso emocional y profesionalmente, del que me siento muy orgulloso», explica el premiado a este periódico.

Tanques contra manifestantes pacíficos

El periodista, nacido en Granada en 1986, ha viajado por gran parte del mundo árabe, desde Egipto hasta Irak, pasando por Siria, y ha dado voz a los fieles de esta región, cuna del cristianismo. Las historias son muchas, pero cuando se le pregunta por una, Francisco rememora el 9 de octubre de 2011. «Ese día más de 20 activistas cristianos coptos fueron asesinados por tanques del Ejército Egipcio en el centro del Cairo, frente al edificio de la Radio Televisión Pública, cuando se manifestaban pacíficamente». Las imágenes «fueron muy duras», asegura Carrión, que al día siguiente visitó la morgue y se encontró con unos cuerpos «totalmente destrozados», con los «cráneos hundidos, aplastados por los tanques».

Más tarde, Francisco también tuvo la posibilidad de conocer a las familias de los asesinados. La de Daniel, por ejemplo, le contó que «había estado muy implicado» en la fallida transición política «porque creía profundamente que Egipto podía tener una posibilidad, que podía ser un país diferente. Creía que su generación merecía vivir en un país en que musulmanes y cristianos pudieran convivir y en el que las nuevas generaciones pudieran tomar el poder y hacerlo de una manera más democrática».

De aquel suceso, el periodista no puede dejar de señalar a la Radio Televisión Pública de Egipto, «que durante horas llamó a los ciudadanos a salir a la calle para enfrentarse a estos activistas cristianos». Luego pasó lo que pasó, «y ahí te das cuenta de la implicación que tuvieron los medios de comunicación públicos, de la propaganda, que terminó contribuyendo a que la transición democrática terminara fracasando y que hoy nos encontremos con un régimen autocrático peor, en represión, al de Hosni Mubarak».

La resistencia de los cristianos

Más allá de esta tragedia, Carrión subraya también el aguante general de los cristianos. «Su resistencia es de premio», escribía el periodista en Twitter al dar las gracias públicamente por el premio de la UCIPE. «En un territorio absolutamente hostil, me ha sorprendido y emocionado su resistencia, su capacidad de encajar los golpes una y otra vez», ahonda en conversación con Alfa y Omega. Es cierto, que «las cifras revelan un descenso drástico de los cristianos, pero hay quienes optan por quedarse, por mantener los vínculos, por reivindicarlos, por reivindicar el legado y la historia. Es la región del mundo en la que nació la fe cristina y su presencia allí sigue levantando acta de esta historia».

Pero cuando Carrión habla de territorio absolutamente hostil no está utilizando una hipérbole. Los cristianos se encuentran «muy a menudo entre la espada de los grupos radicales islámicos y la pared de gobiernos autocráticos que han sembrado todo tipo de recelos hacia esta minoría». Y aún hay más. En ocasiones, tan solo «por el rumor de una supuesta relación entre un musulmán y una cristiana, o por la construcción de un campanario en una iglesia, se terminan ocasionando conflictos, turbas, ataques o se prenden fuego a las propiedades de los cristianos», asegura.

–Ante este panorama, ¿cómo ves el futuro de los cristianos de Oriente Próximo?

–La verdad es que es un futuro absolutamente incierto. Es verdad que la situación cambia país por país. El Líbano, por ejemplo, es un crisol de religiones, de culturas, en el que los cristianos tienen todavía un representación política y económica. Los cristianos de Egipto, con ocho millones de fieles, es la minoría cristiana más vibrante de la región. Pero en países como Irak el futuro es muy negro. Han pasado de un millón a unos cientos de miles en los últimos años. Muchos han optado, después de tanta inseguridad e inestabilidad, por emprender la vida fuera. Es absolutamente entendible, aunque creo que cuando se pierde a una de estas minorías, se pierde mucho tejido social. En Siria, la situación es diferente, porque las minorías cristianas apoyaron el régimen de Bashar al-Assad y este ha terminando ganando la guerra civil, por lo que van a seguir teniendo presencia.

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