“Con sólo dos palabras: un “sí” al amanecer y un “gracias” a la caída de la tarde, se puede hacer la más breve y perfecta oración
”
Bien venido, Amor, nº 579
Es cierto y verdad que Manuel Lozano Garrido merece toda la atención que podamos darle aquellos que lo tenemos como amigo. Y por eso el que esto escribe ha escrito, valga casi la redundancia, el libro de título “Beato Manuel Lozano Garrido. Sí y gracias”. Y es que se deriva tal título de una frase contenida en su libro “Bien venido, amor” que reproducimos en el encabezamiento de esta reseña.
Y acto seguido reproducimos el apartado titulado “Un necesario Epílogo” que dice esto que sigue y que puede dar una idea del contenido del libro:

“Es más que seguro que lo que hemos escrito en este librito sobre Manuel Lozano Garrido, a la sazón llamado Lolo y Beato de la Iglesia católica desde el 12 de junio de 2010, no ha hecho más que rascar la superficie de la vida y existencia de un fiel creyente católico que, a lo largo de su vida, supo mostrar y demostrar que lo era de la forma más sencilla de hacerlo: siéndolo.
Ciertamente, escribir sobre Lolo no deja de ser importante pero, sobre todo, es verdaderamente necesario para dar vuelo espiritual a quien llevó una vida, sí, de sufrimiento pero, también de sufrimiento sobrenaturalizado. En realidad, hacer eso no ha de resultar nada fácil y sólo puede estar al alcance de aquellos creyentes católicos que se dan cuenta de lo que supone ser hijos de Dios y serlo, como diría San Juan (1Jn 3,1)
Hemos podido comprobar, a la hora de escribir este texto, que Lolo tenía una serie de capacidades espirituales y humanas que excedían las que las gentes comunes solemos tener. En realidad, todo eso es por haber reconocido la gracia de Dios en su corazón y haber sabido servirse de ella de la mejor manera posible. Y Lolo, que tanto oró y tanto rezó y tanto se dirigió, por tanto, a Dios, sabía muy bien que su forma de ser, como era, no podía ser mal vista por Aquel que lo había creado y, ¡Además!, lo mantenía en el mundo.
En la imagen que encabeza este último capítulo del libro sobre nuestro amigo Manuel lo podemos ver en su famosísimo sillón de ruedas a quien, por cierto, dedicó uno de sus libros de título, precisamente, “El sillón de ruedas” que fue el primero de sus nueve libros que publicó allá por el año 1961. Pues bien, lo podemos ver en una posición bastante dolorosa porque físicamente él mismo se consideraba un “inválido” como titula el capítulo III de tal libro. Sin embargo, nosotros sabemos bien y bien que sabemos que su invalidez, en todo caso, sólo fue física porque jamás la tuvo espiritual y se manifestó, al contrario, como un verdadero gigante de la fe que llegó lejos y bien lejos en todo lo que se pueda referir al desarrollo del alma y del corazón.
Amigo Lolo,
tú dijiste que nunca serías beato
y quiso Dios, ¡qué cosas!, todo lo contrario.
Fuiste, y ya eres, un testigo claro
del Reino, una voz iluminada
que encandila en la palabra.
Amigo Lolo,
darte las gracias es poco
y saber que tu alegría
santa era no es adorno,
no artificio o bien poco.
Fuiste, y serás para siempre,
la cierta huella del amor
entre nosotros, tus amigos,
tus devotos.
Y es que decir esto era verdaderamente necesario porque Manuel Lozano Garrido, con su “sí“ y su “gracias” supo sembrar más que bien, en los corazones preparados, la cierta luz de la salvación eterna.
Damos, por tanto, las gracias a este nuestro buen amigo Lolo. Y un sí grande a su mismo ser de amor.
Y siguiendo el valioso principio que dice que debemos dar gratis lo que hemos recibido gratis, desde ahora mismo quedo a disposición de quien así lo desee y le enviaré, a vuelta de correo, copia del libro en formato pdf de forma totalmente gratuita. Sólo hay que hacer la petición al correo electrónico eleu@telefonica.net.

Licenciado en Derecho, casado y con dos hijos. Amigo de Lolo y bloguero en defensa de la fe.




























