Este penúltimo número de “Sinaí” (119-120) nos lleva a los meses de mayo y junio de 1971 y, como es de imaginar, ha de tratar el tema de la estación a punto de empezar: el verano. Pero es que, además, este número no es número más de los muchos que fueron enviados a sus destinos desde 1958. Y no lo es porque es el anterior al que será último, salido a la luz muy cercano al fin del año 1971 pues su Director, Lolo, había subido a la Casa del Padre el 3 de noviembre de aquel año.

El artículo de lo que bien podría denominarse Editorial se titula “El dolce far niente” y está referido a lo que supone un tiempo en el que se puede vivir bien y pasarlo lo mejor posible. Pero eso, como podemos imaginar, no le pasa siempre a las personas que padecen enfermedades que sean consideradas graves. Sin embargo, como podemos imaginar, a eso también le saca punta el Director de “Sinaí”:

“Como vosotros, cuya ocupación permanente es la de padecer, pero con la sonrisa en los labios y en el corazón, pidiendo a Dios por los hermanos sanos que, no obstante, se exponen a no regresar -de hecho muchos no regresan- de unas vacaciones que se prometieron muy felices.

Para vosotros, queridos hermanos en el sufrimiento, no hay ‘dolce far niente’, el dulce no hacer nada. Al contrario, tenéis más trabajo, porque sois los vigías espirituales que suplican al Señor sin interrupción en la silenciosa madrugada o el caliginosa madrugada o el caliginoso día”.

Y, como suele ser habitual en una persona tan alegre como es Lolo, no puede terminar la cosa de forma pesimista (nunca pasa eso con este buen hijo de Dios). Y es que, en un momento determinado, al final casi del artículo de entrada a este número de “Sinaí” dice:

“Seamos optimistas; tal vez entre los pocos que no tienen vacaciones, vosotros sois únicos. Por vuestra alta misión, por vuestra entrega, por vuestra misericordia hacia el prójimo, que, en su inocente inconsciencia puede que no repare en aquellos que quedaron velando sus andanzas.

Pero, ¿qué importa? ‘Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia’”

No podemos dejar de mencionar, ni queremos, a una persona que ha aportado mucho a “Sinaí”. Y nos referimos a don José Moreno López, que en su sección “Humor a cámara lenta” ha escrito de una forma tan graciosa que resulta imposible no sonreír o, directamente, reír, cuando leemos lo que ha dado en escribir.

Por ejemplo, para este número de la revista ha escrito algo titulado, nada más y nada menos, que “La igualdad de sexos” que, para aquel tiempo, el suyo, podemos decir que la cosa estaba casi en mantilllas. Y es que dice el buen hombre:

“Me parece muy bien que filósofos, sociólogos, políticos, moralista y demás ‘autoridades competentes’ en la materia se pronuncien en pro de la igualdad de sexos.

Después de todo, si un doctor psiquiátrico y una doctora psiquiátrica, pongo por caso, demuestran la igualdad de sesos (sin ninguna intención, ¿eh?), nada impide la otra igualdad, máxime si ambos fuman, comen, bebe, usan pantalones, conducen la misma marca de coche, guisan, friegan los platos, nadan, bailan y pare usted de contar.

Palabra de honor que viendo a algunas parejas de espaldas yo he dudado muchísimas veces quién era el varón y quién la varona, (con va, linotipista, que no es título de nobleza, sin correcto femenino admitido por la Real Academia. Y me refiero, claro, a la nobleza esa de sangre azul, en decadencia, que de la otra nobleza, mejor es no hablar, por más decadente aún), hasta que los he visto volverse y ha resultado, ‘salvo error u omisión’, que eran del mismo sexo. Lo digo así, ambiguamente, porque especificar qué sexo es ya más peliagudo, y no lo digo por el pelo, conste, aunque los dos ejemplares de ‘homo sapiens’, juniores, llevasen barba, que podían ser postizas, y sendas melenas, sin ganas de tomar a nadie la cabellera, ¿estamos?

Pues como digo, de los 365 días que tiene el año, menos cuando es bisiesto (que nada tiene que ver con echar dos veces la siesta), sería estupendo que le cónyuge y la cónyuge se turnaran alternativamente en la casa y el taller, oficina o lo que se tercie.

Así, el marido podría descansar una semana en casa, de las broncas en la fábrica, de atender al público, de copiar expedientes, aunque fuese trabajando con el aspirador, la lavadora o yendo de compras.

Y la mujer podría, asimismo, descansar de la tabarra de los chicos, los chismes de las vecinas, etc. diciéndole lo que piensa de él al jefe de su consorte, aunque ele salieran callos en las yemas de los dedos de aporrear a las techas de la máquina de escribir.

Me parece estupendo. Quizás los ánimos se calmasen un tantico así, que buena falta nos hace. Nada peor que la monotonía y la rutina. El empleado y su jefe, una semanita, en la oficina; y otra, en casa. La esposa del jefe y la del empleado, ídem de ídem.

A lo mejor hasta prosperaba eso de la coexistencia pacífica.”

En realidad, les hemos puesto aquí el texto íntegro pues de las otras muchas veces que ha aparecido por aquí don José Moreno López sólo hemos podido hacer referencia a una parte parcial de lo que ha escrito para “Sinaí”.

Por otra parte, hay en este número doble de “Sinaí” un, digamos, “suelto” que lleva por título “Poder imaginativo de la imaginación”. Y no nos negarán ustedes que la cosa promete…

Pues bien, en el mismo se nos dice algo acerca de la posibilidad de que, eso, la imaginación, pueda curar, suponemos, padecimientos. Y es que un médico danés creía que será posible hacer uso de la inhalación de nitrito para curar la parálisis.

Pues bien, antes de eso tuvo que colocar bajo la lengua del paciente un termómetro clínico, suponemos, para media la temperatura que tenía el hombre. Sin embargo, quien eso recibió creyó que aquello era la cura que le iban a administrar y, ni corto ni perezoso, al cabo de un rato, dijo que se encontraba mejor. El caso es que eso se hizo durante catorce días seguidos y:

“Catorce días en los que todo el tratamiento aplicado al enfermo consistió en depositarle un termómetro clínico bajo la lengua. Al cabo de ese tiempo, se le dio de alta; estaba curado, y todo por obra de la imaginación.”

Y como no podía ser menos, en este número de “Sinaí” no podía faltar la sección “Iglesia, punto, raya”:

“-Arroz, pan y agua fueron los alimentos del ‘banquete del hambre’ celebrado en Santiago de Compostela con motivo de la Jornada de la Campaña contra el Hambre en el Mundo. La comida en la que participaron más de doscientas personas, fue presidida por el Obispo auxiliar de Santiago de Compostela, doctor Cerviño.

-El semanario italiano ‘Gente’ publica un artículo del postulador de la causa de beatificación de Juan XXIII, en el que se dice que, según testimonio del ex canciller del Reich, Von Papen, el Papa Roncalli salvó de la muerte a unos 24.000 hebreos y evitó el fusilamiento de varias decenas de patriotas griegos durante la guerra mundial.”

Seguramente Lolo habrá gozado mucho en el Cielo con la subida a los altares de San Juan XXIII.

 

(Continuará)

 

Puedes leer todos los artículos de la serie Lourdes-Sinaí-Lolo en este enlace

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