No nos extraña nada que “Sinaí” quiera aclarar algo tan extraño como que se vean obligados a hacer un número “cuádruple” o, lo que es lo mismo, cuatro números en uno (a saber,  los que son 87-88-89 y 90 y correspondientes a los meses de julio y agosto de 1968)

Y todo tiene su explicación que es la que sigue:

“Causas ajenas a nuestra voluntad han demorado la salida del presente número, que comprendía los meses de septiembre-octubre. Así es que nos vemos obligados a incluir también los de noviembre-diciembre, confiando en que, en compensación, podamos ofrecer a nuestros lectores dos números en dos meses, ya que o sabemos si la sangría económica que nos han producido ciertos trámites burocráticos lo hará factible.”

Sin embargo, una vez revisados el resto de números que quedan hasta que se publicó el último de ellos (en el segundo semestre de 1971) no pudo “Sinaí” salir, como querían su editor y Director y todos aquellos que lo hacían posible, un número por mes (siendo el último número en el que eso pasó el de la revista número 36 que ocupó el mes de junio de 1964 hacía la friolera de 4 años. Pero, de todas formas, y como dice el refrán, “a quien hace lo que puede, no se le puede pedir más”. Volvió, pues, “Sinaí” a ser publicado y abarcar dos meses por número…

Por otra parte, a nosotros, que vemos las cosas con unos decenios de distancia, nos produce una cierta emoción ver las noticias que se publicaban entonces porque las cosas, las situaciones de las personas, digamos, afectadas por las mismas, han cambiado bastante. Y esto lo decimos por esta noticia que era, como de dice, de “rabiosa actualidad”: El Padre Pío ha muerto”.

Y sí, se refiere la noticia al P. Pío de Pietrelcina, ahora San Pío de Pietrelcina, que subió a la Casa del Padre el 23 de septiembre de 1968.

Pues bien, es verdaderamente gozoso para quien esto escribe leer lo que entonces se dice de este santo:

“Francesco Forgione ingresó en la Orden Capuchina en 1902. Delicado de salud, desde muy joven, fue enviado al Monasterio de San Giovanni Rotondo, de donde no se movió desde 1916. Había nacido en1887, el 25 de mayo.

Los estigmas parece que se le presentaron en 1918, al terminar de rezar una misa.

Muchísimas personas acudían a su misa, a las cinco de la mañana, y se formaban largas colas ante su confesionario.

La fama de su santidad y dotes sobrenaturales se manifestaron en forma de abundantes donativos, que empleó en otras de caridad, entre las que destacan la Casa Sollievo della Sofferanza, uno de mejores hospitales de Italia, en San Giovanni Rotondo.”

Podemos decir que este número de “Sinaí” está dedicado a la mujer de una forma muy especial y es que se trata de aquella que muestra una fuerza espiritual fuera de lo común.

Así, por ejemplo, nos trae la revista el caso de Virginia Hilton la cual empezando por un tumor en un pecho, en 1952 (tenía entonces 37 años) y terminando por un cáncer de tórax cuando ya pasaba la cincuentena, tuvo que verse sometida a la amputación de los dos pechos y  a un cáncer de pulmón además del citado de tórax. Ella, sin embargo, nunca acogió en su corazón el desaliento. Y es por esto:

“He vivido feliz, pese a las tres operaciones de cáncer. He visto crecer a mis hijas y nacer a tres nietos, desde que apareció el primer tumor, sin permitir que el terror me dominara. Temo más viajar en avión que entrar en el quirófano. Mi marido y yo hemos vivido dieciséis años maravillosos y felices, más de los que algunas personas llegan a disfrutar. Y el futuro nadie lo conoce, excepto Dios. Yo tengo en Él la misma fe que siempre tuve”.

Y es ahí, en la fe, donde esta mujer encontraba su sustento.

Pero no queda ahí la cosa en cuento a mujeres luchadoras. Y es que lleva este número múltiple de “Sinaí” una entrevista a María del Cristo Ossuna, a la sazón responsable de la Fraternidad Católica de Enfermos en Tenerife. Y es que María Isabel Garmendía, desde su Guipúzcoa, la entrevista “a distancia” a quien sufrió un accidente cuando era niña y se encontraba en una silla de ruedas.

“María del Cristo trabaja incansablemente en cantidad de cosas, todas ellas destinadas a beneficiar a los demás. Su mayor actividad consiste en ser la responsable de la Fraternidad Católica de Enfermos, en su provincia.”

Y, luego, vienen las preguntas y las respuestas en las que se conoce la forma de ser de María del Cristo.

Así, por ejemplo, cuando se le pregunta la razón de tomarse tiempo en dirigir la Fraternidad citada, ella dice:

“Creo que es una obligación el hacer algo por los demás. Y por quien lo hago, lo hago por amor a Dios; y como cuanto más se le ama a Él, más se ama a los demás, aquí me tienes queriendo mucho a toda la gente y ofreciendo lo poco que tengo y puedo dar. Siempre recuerdo una frase que dice: ‘Desde que Dios se hizo Hombre, hay que querer al hombre como a Dios’”.

El caso es que viene muy bien que se le pregunte a una persona enferma cómo se enfrenta a su enfermedad y, también, cómo deben actuar aquellas personas que, enfermas, no saben cómo mirar su realidad. Y ella dice:

“Lo de menos es estar enfermo para no estar bien equilibrado /…/ Yo buscaría causa a su desesperación; por lo general es debida a algún cambio brusco que han tenido en su vida /…/ Si estuviesen muy condicionados les hablaría del valor de su enfermedad y de cuánto bien podrían sacar de ella. Les diría cómo la vida merece vivirse y de todo lo que podemos disfrutar de ella. También me interesaría por sus aficiones y les diría lo mucho que podemos aprovecharnos de ellas.”

Y ya, como último ejemplo de mujer indomable, a la sazón, Helen Keller que acababa de fallecer en junio de aquel año (1968) a los  88 años.

Pero ¿Quién era Helen Keller?

“A los 19 meses de edad, una enfermedad cerebral la deja sordomuda y ciega. Es un ser humano reducido a uno de los más terribles destinos: el de la incomunicación con sus semejantes y con el mundo exterior.

Helen aprenden el lenguaje del tacto, después también a leer por el sistema Braille. Aprende también a escribir a máquina. Aunque no oye, aprende a hablar. Su fuerza de voluntad y su esperanza son tan grandes que llega a conseguir, con honores, un título universitario.

Desde entonces, se convierte en un ejemplo y una esperanza para la humanidad desgraciada. Toda su vida quedará entregada a fines humanitarios en favor de los desgraciados físicos, morales y sociales. Da conferencias, escribe libros, pasea por el mundo la conmovedora realidad de su persona, de un ser humano triunfador de la desgracia y entregado a aliviar la de sus semejantes.

/…/

Un ejemplo para todos los que tenemos que afrontar desgracias y superar contrariedades. Una esperanza que nos demuestra la capacidad insospechada de la voluntad humana. Un ejemplo del coraje de vivir. Todo ello conquistado con increíble esfuerzo. Ella decía:

‘Me siento desfallecer muchas veces. Caigo y me levanto. Pierdo mi control y vuelvo a ganarlo cada vez con más seguridad. Lucho y voy ganando paso a paso. Me animo a mí misma. Subo más y más arriba y puedo contemplar cada vez mayores horizontes’.”

No es de extrañar que a esta mujer, Helen Keller, la incardinen en “Sinaí” dentro del grupo de “Indomables”.

Por su parte, en la línea de nuestra de la revista de Lolo, el P. Ricardo Cuadrado publica el “Decálogo de optimismo del Vaticano II a los enfermos”. Y empieza este buen hombre diciendo esto: “Amigos todos que tenéis la suerte de poder sufrir… de poder amar en el dolor”.

Y luego dice: “Enfermo de Sinaí: escucha el mensaje de ALIVIO y OPTIMISMO que te comunica el Concilio Vaticano II. Te ponemos el mensaje en DECÁLOGO” de cuyos puntos aquí traemos a partir del 4:

“4. Vosotros, los desconocidos DEL DOLOR, tener ánimo;: SOIS LOS PREFERIDOS DEL REINO DE DIOS.

5. Sois los hermanos de Cristo paciente, y con Él, si queréis, salváis al MUNDO.

6. Esta es la ‘CIENCIA CRISTIANA del dolor, la única que da la Paz’.

7. Sabed que no estáis solos, ni separados, ni abandonados, ni inútiles.

8. Sois los llamados por CRISTO, su VIVA y TRANSPARENTE imagen.

9. En nombre del Varón de dolores, de Cristo, el Concilio os saluda con amor.

10. Finalmente, en nombre de Cristo, el Concilio os da las gracias, os asegura la amistad y la asistencia de la Iglesia y os bendice.»

Y termina el P. Cuadrado con un poema que no podemos evitar poner:

“La alegría nuestra de cada día, Señor, dánosla hoy…

A veces se nos muere la sonrisa y somos como encinas

Lejos del camino de los pájaros.

A veces se nos muere…dánosla Tú, Señor.

Tú eres la ALEGRÍA total y sin extremos,

Que poner flores y sonrisas sobre la piel de nuestra baja tierra…

Tú eres la ALEGRÍA… dánosla hoy…

Estamos hambrientos y tendidos en el lecho del dolor…

La ALEGRÍA nuestra de cada día, Señor…”

 

Y creemos, lo creemos con franqueza, que no hay mejor forma de terminar este recuerdo de “Sinaí”.

 

(Continuará)

 

Puedes leer todos los artículos de la serie Lourdes-Sinaí-Lolo en este enlace

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