Si, como es más que sabido, la vocación de “Sinaí” es el mundo, amplio, del sufrimiento, hay números en que eso no es que se note mucho sino que su Director quiere que se note mucho. Y este número, doble (81-82) correspondiente a los meses de marzo y abril de 1968, dedica al sufrimiento una buena parte de sus páginas. Pero al sufrimiento no, así, en general, sino bien concreto y determinado.

Ya se nos advierte, entre paréntesis, al final del editorial de título, bien significativo, de “Dolor y penitencia” que en las páginas centrales de este número se puede leer un amplio reportaje sobre el dolor.

Pues bien, como decimos, en el editorial se nos dicen cosas como éstas:

“Estamos en cuaresma y nos vendrá bien examinar el sentido cristiano del dolor”

En realidad, nadie puede llevarse a engaño: el dolor siempre ha existido y siempre existiría. Al menos, aquí, en le tierra. Entonces… la cuestión no es que suframos o padezcamos sino el sentido que nosotros, los hijos de Dios que formamos parte del discipulado de Cristo, le damos al  mismo. Y de eso nos habla Lolo aquí:

“De esta reflexión en torno al dolor podremos sacar un sentido cristiano para todas nuestras heridas espirituales o físicas y ofrecernos a Dios como ‘víctimas agradables’ y en unión con la Cruz del Señor ayudar a la redención de todos. Nuestro Cristianismo será de este modo levadura auténtica”.

Verdaderamente, da mucho que pensar, sabiendo quien esto escribe y cuál es su situación de dolor y sufrimiento físicos. Y es que, por decirlo pronto, el Director de “Sinaí” no estaba labrando en tierra poco preparada para ser sembrada sino, al contrario, en una tierra-corazón donde la semilla iba a fructificar  mucho y más que mucho.

Y ahora, según lo dicho, nos vamos a las páginas centrales de este número de “Sinaí” donde abunda lo tocante al dolor.

El caso es que, con levísimos toques, como se nos dice en la página 4 de “Sinaí”, se publica un artículo de título “Cristo nos dio el ejemplo” que le acabe el honor haber escrito a Magín Coello en la revista “Yelda”. Y dice, entre otras cosas, éstas:

“Todos los que sufren pueden compartir y equilibrar con su unión y comprensión de hermanos las cruces respectivas, que nos eleven a la Cruz que Él instituyó.”

Esto lo dice, a modo, de encabezamiento pero, en el fondo, resume muy bien las líneas que siguen a estas palabras.

“Los cristianos tienen que completar por sí mismos, con sus propios padecimientos, lo que faltaba a la pasión de Cristo –San Pablo dixit- ¿De qué modo?

  1. a) Por la aplicación concreta a cada miembro que cada uno ha de completar en su vida por la aceptación y ofrecimiento de sus dolores.

  2. b) El sacrificio de Cristo fue ofrecido una vez por todas en el Calvario y se renueva cada día en el altar, pero ahora Cristo no sufre en sí mismo, sufre en sus miembros y por medio de nosotros Cristo permanece en una continua inmolación. “

Nos dice más adelante acerca de las preguntas que cada uno podemos hacernos:

“Señor, hemos comprendido un poco más el Misterio del dolor y la necesidad que tenemos de nuestros enfermos para el progreso de la Iglesia. Para ellos te pedimos la resignación cristiana y que a nosotros nos niegues la paz y la alegría mientras no convirtamos en obras y realidades todos nuestros pensamientos”.

Y luego otra aportación. Don Régulo M. Sánchez, hablando del Papa y el Pueblo escribe y publica aquí “Cristo hizo del dolor un medio de redención” (que son unas palabras exactas dichas por Pablo VI) donde dice, por ejemplo:

“Y lo interesante es no caer en el pesimismo ni en la angustia vital – por muy romántico que parezca y muy de moda que esté hablar de ella- ni tampoco es elegante, ni decoroso siquiera, contentarse con anatomizar el placer, aunque sea legítimo, y ensalzar el dolor, no hallando para él otra panacea que la resignación – sobre todo si es ajena- ya que esos tales degeneran en un personal y burdo, sí que hipócrita, materialismo.”

Como podemos ver el autor de este artículo sabe bien que es posible tratar de ver el dolor de una forma, digamos, poco correcta y adecuada según nuestro ser cristiano. Por eso dice luego esto:

“Ahora bien, escamotear el dolor, compañero inseparable del humano vivir, y no digamos pretender dejarse caer tan sólo en las clases humildes y desheredadas, aparte de anticristiano resulta una ridícula insensatez.”

Sabiendo, por tanto, Quién fue Maestro del dolor y sufrimiento, al autor de este artículo no le queda más remedio que proclamar esto:

“Levantemos el espíritu, evitando ser víctimas de la tristeza, sintamos la noble alegría del vivir, la integral y fecunda conciencia de nuestra misión de animales racionales”.

Recoge, ya como colofón de todo lo dedicado al dolor, en la página 6 de este número de “Sinaí” unas palabras dirigidas por Pablo VI, a los sacerdotes que, enfermos, peregrinaban a Lourdes, en 1964:

“Vuestra inacción y aparente inutilidad es tanto más preciosa a las almas, quizás más, cuanto más distraídas por el atractivo fugaz de la alegría terrestre, puesto que dais al mundo la lección más alta, la ayuda más segura y la invitación más persuasiva a cumplir de veras con la voluntad de Dios.”

Pero también recoge otras realidades este número doble de “Sinaí”. Claro que no es que no tengan que ver con el dolor sino que refiérese a personas bien concretas.

Así, por ejemplo, nos habla de doña Denise Legrix (en artículo de Jean Toulat, adaptado por Raffaelo Capomasi y en imagen de abajo), nacida sin brazos ni piernas:

“Toda desgracia se convierte en una catástrofe si se hace de ella una catástrofe. Pero si se prueba a afrontarla, puede ser una fuente de elevación morar para sí y para los demás.”

El caso es que esta mujer, con unos problemas tan grandes como vivir sin brazos ni piernas fue un ejemplo a seguir por todos aquellos que se veían afectados por la misma enfermedad. Trabajadora activa hasta llegar a pronunciar entre 60 y 80 conferencias al año, autora de un libro  (por entonces) de título “Nacida así” (por el que recibió el Premio Albert Schweitzer en 1960) y esperando la aparición de otro.

 

 

Y algo que no puedo dejar de mencionar. Y es que Denise tiene una imagen de la Virgen de Pont-main. El caso es que a la imagen le faltan las dos manos pues en dos ocasiones unas visitas la tiraron al suelo y se le rompieron las mismas. Y aunque Denise ha tratado de pegárselas… no ha podido. Por eso ella dice, emocionada (y no es para menos si se emociona el que esto escribe) “Es como si la Virgen hubiese querido quedarse como yo. Es muy significativo. Me ha hecho llorar”.

En fin… cosas que, siendo de Dios, son así…

Y después de tantas emociones” no quisiéramos terminar sin hacer referencia a lo que recoge la última página de este número de “Sinaí”.

En “Predicciones futuras” dice Lolo esto:

“Para 1969. El consultorio dietético electrónico dirá mediante una ficha como los actuales teléfonos cómo y qué debemos comer. El paciente sólo tendrá que subir a una tarimilla, decir su edad, peso, profesión y lo que como en un día y la máquina le dirá si procede bien o mal, en cuyo último caso le aconsejará una dieta adecuada.

Para 1975. Se pondrá a la venta en todos los comercios la jeringuilla para inyecciones indoloras, sin aguja. Bastará con pulsar un botón y el fármaco será impulsado a través de la piel del músculo a una presión de 70 atmósferas.´»

 

Y es que las ciencias, como dice la zarzuela, avanzan que es una barbaridad…

(Continuará)

 

Puedes leer todos los artículos de la serie Lourdes-Sinaí-Lolo en este enlace

 

 

 

 

Compartir:

Etiquetas: ,
Accesibilidad