Lo mismo que hace Dios en “Reportajes desde la cumbre”, obra de Lolo, también se dirige a sus hijos-hermanos de Cristo. Y lo hace de una forma que cualquiera de ellos puede entender: nos escribe “recetas” que llevan consigo la posibilidad de ser mejor.

Como bien nos dice Dios, aquí lo que nos pase, en cuanto gozo, no es gozo completo sino que se queda, algo así, como a medias. Sólo en el Cielo es completo el mismo y ahí debemos encaminar nuestros haceres según estas recetas.

Así, debemos podar lo que nos sobra, transmitir al mundo que el Amor es posible, fijarnos más en lo que de verdad nos conviene y, en fin, saber que siempre vamos a ansiar el Cielo y a Dios pero que el primero no nos es negado sino que nuestro Creador a nuestro lado está para alcanzarlo.

 

 

Publicado en Prensa Asociada, en marzo de 1963

 

Yo, hijos míos, lo que más quiero es que seáis felices. En la tierra también se puede ser feliz, aunque la dicha de aquí es gozo a medio gas. Pasa como con la taza de sobremesa, que la malta o los sucedáneos calientes sientan bien, pero ¡donde se ponga el café…!

Todo cuanto os ocurre y hago es para vuestra felicidad. Me descolgué y metí en Belén y luego chapoteé por los caminos para eso. Ya veis cómo la quise que, para hablar de ella, me encaramaba a los montes, para que mi voz rodase por las laderas y se hiciera gigante abajo.

Cómo me gusta hablar como el agua de claro; de la felicidad dejé ocho frases que ni pintiparadas para mis vecinos y las gentes de todos los tiempos. Sin embargo, hay quien se quiere salir por la tangente del lenguaje de su tiempo, y a esos les digo, que si de verdad quieren ser buenos y estar contentos, también hago un esfuerzo para ellos y aquí les dejo ocho recetas de ahora que no se las salta ni un galgo. Además, les garantizo que, si tienen el valor y la constancia de observar la dosis y aplicarla en su momento, de verdad, de verdad, que se curan. Os lo digo Yo, que ya sabéis lo que entiendo de sanar a paralíticos, mudos y sordos…

I.- LA PODA

Bienaventurados los pobres de espíritu,
porque de ellos es el reino de los cielos
” (Mt 5,3)

Lo que debemos pedir es que cierta pobreza privada
pueda crear la abundancia común
” (J. Maritain)

Como la barriada es nueva, están que no saben qué hacerse con ella. Hace unos meses, vino el jardinero, se encaramó por las acacias y, “tras, tras, tras”, fue cortando todo el ramaje innecesario. Luego, hala, lo mismo con la pequeña rosaleda que divide la calzada. Desde los balcones, todos recordaban aquel enjambre de flores blancas de otro tiempo. Uno se atrevió y bajó a pedirle un esqueje. Luego vino otro. Y otro. Y así muchos. Ahora es primavera y desde las terracitas se descuelga como una marea de ovillos blancos que huelen a luces y a gloria.

Con la pobreza, lo mismo; por cada uno que da, los otros se hacen un poco más ricos. Fijarse en Mí, que era uno solo y hasta que se me acabe el mundo estarán aflorando los ricachones de gracia.

II.- LA EPIDEMIA

Bienaventurados los mansos,
porque ellos poseerán la tierra
” (Mt 6,4)

El espíritu sin la bondad
es como una abeja sin la miel
” (J. Claretie)

Ésta es una receta a contrapelo; o sea, que donde dice “digo” hay que poner “Diego”. No sé si sabréis que en Alemania se declaró hace poco una epidemia de disentería. Las gentes iban por las calles, se daban las manos, se palmeaban las espaldas y el bichito corre que te corre de unos dedos a otros. Los médicos no daban a basto. Hasta que la autoridad dijo que nada de chocarse las palmas, y se acabó.

Bueno, a ver si te das cuenta de lo que sería el mundo si por la mañana te levantaras ya con la intención de pegarle a todos los que te rocen el bicho de la bondad, de la alegría o de la dulzura. Primero, tu vecino; luego, tu pueblo; después, tu región, tu patria o tu continente; y al fin, el salto sobre los mares y todos ayudándose, amando y sonriendo.


III.- LA CONCHA

Bienaventurados los que lloran,
porque ellos serán consolados
” (Mt 5,5)

Vosotros, los que lloráis,
venid a este Dios, pues Él llora
” (V. Hugo)

Os contaré algo de una chica maravillosa. Era un primor de simpatía, de guapa y de buena. Un día dijo que se marchaba al convento y allí le iba como en la gloria, pero, sin saber por qué, algunas veces le venían unas tremendas ganas de llorar: “Pero si estoy muy a gusto…”. “Bueno -le dijo al fin la superiora-; si te vienen ganas de echar unas lágrimas, las echas, que no es malo; pero vas a hacer una cosa: toma esta concha y, cuando te venga la llantera, ten cuidado de recoger las lágrimas, sin que se te pierda ni una”. Luego, claro, con la tarea, se le pasaban las ganas.

Me hago cargo de vuestra curiosidad y os digo cómo se llamaba la chica: Teresa de Lisieux. Bonito nombre y, sobre todo, santo.

No os digo que no lloréis, porque las lágrimas son los regadíos de vuestra parcela de lo eterno. Sí que lloréis sin rabia ni desesperación, con amor y entrega, cuidando de embalsar vuestro dolor en el ancho mar de la esperanza, para que no se pierda.

IV.- LA COMETA

Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia,
porque ellos serán hartos
” (Mt 5,6)

¿Y cuál es el buen camino?”.
El que sube” (N. Kazantzakis)

Me da lástima cada vez que veo a una banda de chicos que salen a remontar una cometa y el viento les da esquinazo toda la mañana. Tanta pena siento que uno se permite sus trampillas y pocos son los que regresan alicaídos. Al fin les soplo, les soplo, y me río de verlos con el ansia que sueltan el cordel.

Lo mismito, lo mismito, con vuestras aspiraciones de santidad, con vuestras inquietudes por subir más y más los peldaños celestes. Me encogéis el alma enjoyando cada día vuestro espíritu sin que la calma chicha de la vulgaridad o ese aparente jugar al “higui” con las cosas del cielo y se os recorten las ilusiones. Escuchad, que nunca falto a mi palabra: de por vida, siempre tendréis sed, porque la sed es la moneda de la Fe, pero mi viento, ese dulce murmullo que se riza en el aire y coge a las almas para remontarlas como papeles de fumar, es más fijo que una póliza de seguros. Ir preparando cuerda, que os lo prometo; algún día os volveréis locos de tanto soltar carrete y ver los colorines de la cometa de vuestro corazón, cómo se achican allá por donde despuntan las estrellas.

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