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  3. Lourdes-“Sinaí”-Lolo: desde entonces hasta hoy (LI)

Es más que normal que cuando llega el verano, en este caso el de 1970, el Director de Sinaí escriba, en la editorial de la tal revista, sobre tal tiempo. Pero también es normal que lo lleve, digamos, al terreno espiritual pues la cosa es para eso y eso es lo que hace Manuel Lozano Garrido.

En este caso, siendo el número doble (107-108) y estar referido a los meses de mayo y junio, nos dice Lolo esto que sigue que muestra, además, las diferencias que hay entre el hoy y el entonces:

“Fenómeno sociológico y natural en todos los países es el largo éxodo que se inicia en la temporadas veraniega, de familias que buscan un sano esparcimiento, disfrutando juntos las vacaciones del cabeza de familia y los hijos estudiantes o escolares, huyendo de la ciudad rutina cotidiana, en busca de distintos horizontes donde relajarse y olvidar por un mes o dos las preocupaciones de todo el año, bien en la montaña, el campo o la playa”.

Hasta aquí lo que podría ser un artículo de prensa ordinario donde se reseña algo que pasa y ya está. Sin embargo, de inmediato empiezan las referencias espirituales pues se refiere a Pablo VI que, como padre espiritual de la catolicidad, recomienda mucha prudencia en la conducción en este tipo de desplazamientos. Pero también advierte el Papa de algo que deberíamos tener en cuenta:

“Ya sabéis a lo que nos referimos: al desenfreno de ciertos centros que en tales días parce ponerse de oda y al naturalismo desvergonzado en algunas playas o campings. No faltan exhibiciones de tipo erótico en zonas de gran concurrencia infantil y, en general, un culto excesivo al cuerpo.”

De todas formas, y sabiendo por dónde han ido las cosas en tal tipo de realidades, hasta dónde ha llegado la cosa, lo bien cierto es que el Director de “Sinaí” termina este Editorial como debe terminarse:

“Porque lo más importante es, precisamente, que el hombre aprenda a encontrarse a sí mismo, cuando preocupaciones de otra índole, al liberarlo momentáneamente durante las vacaciones, le ofrecen la oportunidad de un mayor acercamiento a Dios y a la meditación.”

Por otra parte, lo que viene ahora no es que sea propio de nuestro tiempo sino que también se daba en el de Lolo y aquel año que iba a dar entrada a una nueva década: las drogas y el alcohol.

El caso es que, según se nos dice, en aquel tiempo había en España dos millones de alcohólicos. Y de dice que “El alcoholismo no es un vicio, sino una enfermedad que siega millones de vidas en el planeta” porque

“¿Quiénes son las víctimas del alcoholismo? En un mundo que cada vez exige más hombres preparados para la vida, quienes carecen de esta preparación, quienes se frustran por incapacidad, desánimo o desidia, son precisamente quienes buscan los efectos exultantes, adormecedores y animadores del alcohol, a modo de refugio donde guarecerse de los embates de la adversidad.”

Y sobre las drogas se decía, entonces (1970):

“La droga -en sus múltiples variantes- está invadiendo amplios sectores juveniles. Se explica, por tanto la preocupación de sociólogos y autoridades.

/…/

Las drogas insensibilizan, hacen olvidar, proporcionan alucinaciones gratas, inutilizan para la realidad cotidiana.

/…/

Corren el riesgo de perder capacidad para la lectura sana y estimulante. Y, lo que es peor, esa indiferencia se trocará en ausencia de valores espirituales auténticos.”

Ya podemos imaginar y estar seguro de ello que la drogadicción no sólo afecta al cuerpo sino, también, al alma pues la misma se ve invadida por una serie de realidades que son, precisamente, realidades sino todo lo contrario.

Ahora entramos en un campo que, estamos seguros de ello, gustaba mucho a Lolo por lo que significa y por lo que significó para él mismo: el dolor, sí, pero el dolor como realidad fecunda. Y lo escribe el texto, titulado precisamente “Fecundidad del dolor” alguien que se hace llamar “Mabel”:

“Nada grande se hace sin dolor.”

Empieza bien la cosa. Y luego pone ejemplos de cómo la Creación, en la misma, mucho de lo que pasa no pasa sin el dolor, así dicho en general: las plantas, la tierra y demás elementos de la vida llevan a cabo su existencia padeciendo algún tipo de sufrimiento (así lo entendemos en cuanto somos personas). Por eso dice que “Si el árbol y la madera sintieran, ¡qué sollozos exhalaría!”

El caso es que “Mabel”, refiriéndose a Dios y a quien pueda estar sufriendo, anima al segundo con esto:

“¡Ánimo, arriba el corazón! Él es el artífice. De ti espera sacar una reproducción de su imagen crucificada, y para ello es preciso que te vayan haciendo morir esas cruces, esos detalles que duelen, esas contrariedades, esas humillaciones, esas frases que como cuchillos de aceradas puntas se te clavan dentro, muy dentro…

¡Ánimo, a comenzar de nuevo! Él espera de ti, quiere hacer de ti una obra maravillosa ¡Aún hay un poco de tiempo! Quizá si te retardas será demasiado tarde; y, por culpa tuya, quedará sin realizar una obra de arte magnífica.”

Hemos dicho otras veces que en “Sinaí” se da mucha cancha a lo que, de nuevo, pueda haber en el mundo si está en hecho en bien del hombre. Y eso es lo que pasa en este número donde se escribe sobre ondas de ultrasonido que piensan revolucionar el cultivo en el campo. Así, se dice que “De acuerdo con las declaraciones del ingeniero H.V. Hansen, para 1975 la fracturación y cultivo de la tierra se realizará por medio de ondas de ultrasonido.”. Y también,

“Las palabras del Señor Hansen revelan el enorme progreso que se ha realizado en el campo de la agricultura lo que permitirá combatir con más éxito el pavoroso problema del hambre en el mundo, al aumentar los cultivos, tanto destinados a alimento del hombre como de los animales, que le sirven después de sustento.”

Y, ya, para terminar: todo un clásico: “Iglesia, Punto, Raya…”:

“El obispo de Graz (Austria), monseñor Johannes Weber, ha nombrado secretario suyo a Josef Heuberger, de 24 años. Esta es la primera vez que en todo el área de habla alemana que un laico no sacerdote ha sido elegido para este puesto.”

“Radio Vaticana, en una de sus emisiones francesas, ha denunciado la parcialidad de ciertas informaciones de prensa sobre la Iglesia. ‘Si un sacerdote abandona la Iglesia, los periódicos publicarán toda su vida y milagros, pues de la noche a la mañana, se ha convertido en objeto de interés para todos los muñidores de catástrofes, partidarios inveterados de la política de lo peor. /…/ Si el Papa señala sombras en la Iglesia, de sus inquietudes se harán ‘slogans’ para pancartas.»

Y es que, como podemos ver, poco ha cambiado en eso lo que pasa hoy mismo.

 

 

(Continuará)

 

Puedes leer todos los artículos de la serie Lourdes-Sinaí-Lolo en este enlace

 

 

 

 

 

 

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