Tengo que reconocer, a modo de mea culpa, que tenía intención de hacer uso de más de dos números de la revista “Sinaí” pero, habiendo llegado al que hace los números 29 y 30 (a la sazón de noviembre y diciembre de 1963) he encontrado que estos últimos, la revista en sí misma, es un verdadero tesoro (con decirles que la he impreso y todo para tenerla en papel y poder palparla, les digo bastante) Y ahí me he quedado…

Como podemos imaginar, estos números son muy especiales porque tienen su punto de unión en la Navidad que pronto se va a celebrar, la de 1963. Por eso dedica una parte importante a lo que llama “Mensaje entrañable al anuncio de los ángeles” en el que dice, por ejemplo:

“A vosotros todos, los ángeles anteriores al comienzo del mundo, de unos ojos grandes y limpios que se abren al foco colosal de la imagen gloriosa de Dios…

De vosotros, lo primero que nos dice ese evangelio es la misión de dar gloria a Dios que cumplir con el destino…

Si el sufrimiento no fuera de por sí la leva más expeditiva de la humildad, este buen modo de bien hacer en vosotros es como una campanilla que viene a recordarnos el privilegio gratuito de protagonizar al propio Redentor.”

Por otra parte, las noticias sobre “Sinaí” esta vez se llaman “Aleluya con panderetas” y recogen, entre otras, el pedido de perdón por parte del Director de la revista a todos los miembros de los grupos porque se les pidió intensidad en la incorporación de personas a los mismos y, en cambio, extiende un “Cheque en blanco” en la seguridad de que confía plenamente que los nuevos grupos que se pretenden formar… acabarán formándose.

Como suele ser habitual, recoge el autor de “Sinaí” el reflejo que tiene la revista (y, creemos, la Obra en sí misma) en los medios de comunicación. En este caso se trata de “Vida Nueva” y de “Diario de Mallorca” que recogen, los dos medios, la labor que se lleva a cabo porque, además, podríamos decir, ellos mismos son beneficiarios de las oraciones de los grupos.

Y llegados a este momento, digamos, habitual en el devenir de “Sinaí”, introduce Manuel Lozano Garrido una sección que haría historia. Y nos referimos a “Cartas con la señal de la Cruz” (que luego sería un libro con el mismo título, publicado en 1967) y en la que refiere, eso, cartas, a personas enfermas. Esta vez, se la envía a la Srta. Rosa Mary Azconaga, de Eibar. Y toda ella es expresión de comprensión por el dolor que padece la destinataria y, a la vez, de ternura de parte de Lolo. Y extraemos, tan sólo, unas palabras:

“Resulta que cada infancia herida es como la repetición de la historia que empieza en un pesebre y acaba en una cruz…

El sufrimiento, y más el de los niños, abruma, porque nuestras culpas no son vilanos, sino que pesan tanto y más que las montañas…

Es cierto que el dolor es un misterio y nunca nos será dado levantar absolutamente su telón, pero el de Cristo deja lo suficiente para poder inclinar la cabeza y ponerse a echar los pies con fe y confianza por la vereda del dolor, que es un atajo para la vida y la gloria.”

Y, todo, así, o mejor…

Digamos que sí, que este número doble también tiene su encuesta. Y, nada más y nada menos, contesta las preguntas, el dramaturgo José María Pemán y Joaquín Rodrigo, a la sazón compositor. Y es que las preguntas son, por ejemplo, “¿Cuál es concepto de felicidad?”, o también “Hay quienes son felices en el amor, la fortuna o la convivencia y quienes lo son en el sufrimiento, la renuncia o la soledad: ¿cómo explica esta aparente contradicción?”. Y es que Lolo no podía dejar pasar la ocasión de hacer hincapié en su propia forma de ser (y lo decimos por eso del sufrimiento y su relación con la felicidad…)

De todas formas, en este número doble hay un apartado que, el que esto escribe, ha gozado sobremanera: el dedicado al Doctor americano Tom Dooley, al cual Lolo dedicó un artículo publicado el 28 de febrero de 1964 en el Diario “Jaén” de título igual al libro al que se refería cuyo autor era su amigo Alejandro Fernández Pombo, a saber, “Tom Dooley tiene una cita con la muerte”.

Manuel nos hace un resumen más que notable de la vida del llamado Doctor América al que llama, muy acertadamente, “mártir de la caridad” porque es, sencillamente, lo que fue.

Todo lo que nos dice de este médico es, básicamente, maravilloso y muestra bien a las claras hasta dónde se puede llevar la fe que uno dice tener (en su caso la católica) y cómo es posible hacer algo que, en principio, pudiera parecer imposible. Por eso nos dice el Beato de Linares que:

“A los hombres no se les da el título de santo hasta que no se los ciñe la Iglesia. Para ese día lejano, anotamos ya la candidatura de Tom Dooley. He aquí un hombre al que ni la ama, ni la perspectiva profesional, ni el dinero, ni los honores enrolaron con la ilusión y la fuerza que el amor. Cristiano de primera fila, con ese ancho certificado de dejarlo todo para consagrarse a las humildes gentes de la lejana Indochina, Tom Dooley llevó la certeza de su ideal al punto de una maravillosa confesión de Cristo en el misterio del dolor.”

Y termina esta presentación, prodigio de verdad y exactitud, diciendo que

“Os damos hoy, amigos, una leve reseña biográfica. Leedla con el fervor que merece un ejemplo tan maravilloso.”

Y, ya, para terminar este pequeño repaso a unos grandes números de “Sinaí” (los de noviembre y diciembre de 1963 en una sola Revista), lo que bien podría formar parte de un cuento de los que recoge su libro “Cuentos en LA sostenido” pues narra los aconteceres que ha de sufrir un enfermo, los trajínes que lo llevan de un sitio a otro y, en fin, el propio ambiente navideño que, además, da título a los pequeños capítulos de esta narración: El camino, la Cueva, el Pesebre y, por fin, la Estrella. Y en cada uno de estos apartados sobrevuela o, mejor, está presente el espíritu del enfermo que se resigna a todo lo que le pasa pero que se da cuenta de que de lo que le pasa puede obtener fruto, duro, sí; esforzado, también pero, al fin y al cabo, fruto de lo que podría considerarse vacío de antemano.

Aunque, decimos con franqueza, no sabemos si esta narración no se refiere al mismo Lolo, a uno de sus muchos episodios de enfermo…

 

(Continuará)

 

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