El gran Paco Baños ilustra, como tantas veces hace en la revista de su amigo Lolo, lo que podemos llamar con propiedad “Editorial” que, dada la estación que acoge sus meses (marzo y abril de 1969), la primavera, hace titular “Estación de la Esperanza”.

Como tal, la primavera suele mover los corazones (“la sangre altera”, dice el dicho) y es lo que se quiere hacer con la dedicación de un día a los que, entonces, se llamada “subnormales” y que hoy sería tomada la palabra como políticamente incorrecta.

Habla Lolo de solidaridad, que nosotros tomamos por caridad, y lo hace de alguien que, dando un concierto seguramente benéfico, recaudó fondos para tal tipo de personas necesitadas de mucho y mucho más que medios de vida, de compañía, comprensión, etc.

Pues bien, dice Lolo:

“Un músico ilustre, linarense de nacimiento, granadino de adopción, un anciano venerable, un genio de renombre internacional ha dejado America y, tal como prometiera en du día, ha venido a su patria chica y grande para marcar la pauta de total entrega a los niños del doble amor, con un concierto inolvidable, magnífico, preñado de emoción, fervoroso y ejemplar por su doble efecto.”

Sobre este músico, nosotros creemos que refiere a Andrés Segovia, entonces, eso, “anciano venerable” (en 1969 contaba con 76 años) pues según nos dice Alberto López Poveda en la biografía que escribe sobre aquel ”En 1903 se traslada su familia a Granada, y en esta ciudad realiza sus estudios de Bachillerato”. Pues, aquella ciudad andaluza lo acogió como hijo adoptivo.

Pues bien, esto mismo es lo que se nos dice en artículo posterior de título “La realidad supera a la fantasía”, subtitulado “Cuando el Arte se pone al servicio de la Caridad” donde, en efecto, se hace referencia al linarense universal que era ya entonces Andrés Segovia y en su concierto dado en su pueblo natal en beneficio de los más desfavorecidos mentalmente hablando.

Y termina el citado artículo de una manera tal perfecta que no podemos obviar tal final:

“Ahí queda eso: el hecho que nadie olvidará, el hecho magnífico, grandioso, sobrecogedor, que aúna la fama del artista con el amor sin medida. Que vincula a un hombre con su pueblo. Nada más y nada menos.

Para que sirve de ejemplo y estímulo.

Para que nos haga mejores.

Para que no olvidemos a los que esperan nuestra ayuda.

¡Son tantos…!”

Lleva este número de “Sinaí” algo bien curioso. Y es que por aquellos tiempos se sugirió que el ganado ovino y vacuno podía ser alimentado con papel. Así como suena. El caso es que se había estudiado tal posibilidad para deshacerse de la ingente cantidad de papel que por entonces se desperdiciaba. Y si alguien cree que esto es algo absurdo, el que esto escribe ha encontrado noticia del año 2016 donde se menciona, precisamente, y en Colombia, la posibilidad de aportar a la alimentación de tales animales (bueno, ahí se menciona sólo a las vacas) considerable tanto por ciento de papel…

Pero este número de “Sinaí” también habla de otras cosas.

Así, por ejemplo, la instalación de la segunda unidad coronaria de urgencia en España que se puso en funcionamiento desde el 19 de marzo de aquel año, 1969 y que “reducirá el número de muertos por infarto de miocardio”.  También se nos habla de que “tres médicos del hospital de San Juan de Dios, en el puerto de El Callado, en Perú, han practicado una transfusión de sangre a una criatura en gestación para que pueda hacer y vivir normalmente.”

Resulta curioso que se nos hable de lo que, entonces, se consideraba algo posible “dentro de 40 años”. Y nos referimos a la congelación de ser humano para, luego, poder devolverlo a la vida. Vamos, la hibernación artificial. Y, aunque entonces no las tenían todas consigo daban tal número de años, 40, como posibilidad, entonces, en el siglo XXI, de alcanzar tal grado de evolución científica. Y es cierto que podemos decir que eso sólo se ha conseguido en las películas de ciencia ficción…

Quizá podamos resultar pesados, ¡ha vuelto la publicidad a “Sinaí”!

Ciertamente, esto sólo había pasado en el número anterior pero, ahora, se repite la cosa lo que ha de querer decir, por fuerza, que era necesario tal aporte económico para que la Obra de Lolo no descarrilara, por así decirlo. Y, qué quieren que les digamos… a nosotros nos parece la mar de bien…

 Por otra parte, aunque ya hacía seis años que había muerto, el ahora santo, entonces Papa Juan XXIII, podemos decir que dejó huella en muchos creyentes católicos de entonces. Uno de ellos fue, sin duda alguna, el Director de “Sinaí”. Por eso en este número de su revista trae lo que llama “Anecdotario de Juan XXIII” y aporta esto, por ejemplo:

“Al ser elegido Papa, una de sus primeras medidas fue subir el sueldo a los empleados del Vaticano. Lo anunció así: ‘Es justo que cobréis más ahora. Yo peso el doble que Pío XII.”

Y otra anécdota:

“Siendo Nuncio en Paris, durante una recepción entra una dama superescotada. Los presentes miran al cardenal Roncalli, que comenta: ‘Es curioso, cuando donde estoy entra una señora escotada, la gente, en vez de mirarla a ella, me mira a mí’”.

Y otra más, para que sean tres:

“El presidente Heriot le preguntaba: ’A usted, monseñor, ¿quiénes le parecen mejores, los jóvenes o los viejos? ‘Ah, los hombres son como el vino -respondió el Nuncio Roncalli-, algunos se convierten en vinagre, pero los mejores ganan con el tiempo.”

Y no podemos dejar de terminar este artículo sin mentar a Julio Iglesias pues, como paciente del dolor que fue, también aquí tenía cabida.

Sí, nos referimos al famoso cantante español que responde a tal nombre que, entonces, apenas era un principiante en el mundo de la canción.

El caso es que la última página de este número lleva en sí una breve entrevista a Julio Iglesias:

“Esta es la historia de un hombre que descubrió el dolor a los diecinueve años y medio de edad. A los veintitrés ganó el primer premio del Festival de la Canción de Benidorm. Julio Iglesias, autor, compositor e intérprete de ‘La vida sigue igual’.

Pues bien, preguntado por su vida después del accidente de automóvil que le apartó del mundo del fútbol (era portero del juvenil del Real Madrid) dice esto:

“Llegó un momento en que no podía moverme, pero nunca quise utilizar sillón de ruedas. Nunca perdí las esperanzas y luché con todas mis fueras para recuperarme. Había gimnasia durante ocho horas diarias. Me quedó tiempo también para acabar la carrera y para aficionarme  a la guitarra. Siempre he había gustado cantar, pero no había conseguido hacerlo ni el Colegio de los Sagrados Corazones, donde estudió bachillerato; el padre que dirigía el coro me dijo que en el campo de la música no tenía nada que hacer. Y empecé a componer y a escribir cuando maduré todo lo vivido en mi enfermedad. ‘La vida sigue igual’ es una canción en la que recojo esto a mi manera.»

Y, luego una pregunta, casi, para que se defina como persona:

“ Y ¿de qué presumes ahora?

De nada. Soy un personajillo, un hombre que empieza. Comprendo que es importante triunfar en algo: en carpintería, en arquitectura, etc. En lo que sea. Pero yo estoy más contento de haberme recuperado, de haber triunfado de mi enfermedad, que del triunfo en Benidorm.”

El caso es que, como le pasa a Lolo, a ver si es que de saber llevar bien una enfermedad se obtiene mucho fruto…

 

(Continuará)

 

Puedes leer todos los artículos de la serie Lourdes-Sinaí-Lolo en este enlace

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