Perdónesenos si no continuamos con el devenir, digamos, ordinario de los artículos relacionados con la obra/revista de nombre “Sinaí” que dio a la luz pública el Beato Manuel Lozano Garrido como instrumento más bien espiritual dirigido a sus hermanos enfermos y sufrientes.

El caso es que se nos ha ocurrido hacer un alto en el camino ahora que estamos casi a medio camino entre el principio de todo, aquel primer artículo publicado 23 de mayo de este terrible año 2020 que ya se nos va  en el que hablábamos de la primera Circular de lo que sería la revista “Sinaí” y el final de todo esto que será cuando lleguemos a los números 121 y 122 (arriba, en la imagen, lo hemos querido poner) que fueron un número doble publicado en el segundo semestre de 1971 y que contiene un maravilloso y merecido homenaje al Director de “Sinaí” que no fue otro que Manuel Lozano Garrido, Lolo para todos sus amigos, entonces recientemente fallecido (3 de noviembre de 1971)

Sí, en efecto, han pasado ya más de siete meses desde aquella idea inicial de dar a la luz pública los contenidos de aquellas circulares y, luego, la propia revista “Sinaí” y debemos decir, porque es obligación de quien esto hace, que ha merecido mucho la pena porque nos ha descubierto muchas cosas de Lolo que no conocíamos, escritos que luego hemos leído en sus libros y, en fin, que está valiendo la pena mucho y más esto que, con la máxima humildad, estamos haciendo.

Este alto en el camino es para dar las gracias por tantos descubrimientos maravillosos que hemos podido hacer y, esperamos, haber hecho lo propio con aquellas personas que se hayan llevado a los ojos y al corazón lo escrito por Lolo en tantas y tantas páginas pues es lo suyo lo que, de esto, vale la pena y sólo por eso, está la mar de bien continuar con este pequeña labor.

Podemos decir que si hay algo que es fácil apreciar en los números traídos aquí hasta ahora y, seguro, los que vendrán hasta que lleguemos a los últimos a los que hemos hecho referencia arriba, es que el ahora Beato linarense había sido agraciado con largueza por Dios con el don de la palabra y con esa gracia tan especial que supone saber comunicar lo que se quiere decir y que lo dicho llegue al corazón de quien lo lea o se le lea (por imposibilidad de hacerlo, queremos decir)

Ya desde la Circular que daba comienzo a todos los números de lo que luego sería la revista “Sinaí” el destino de la misma estaba sellado: “Grupos de oración por la prensa católica” y eso decía mucho del sentido que se le quería dar, en general, a toda aquella obra espiritual que surgió, seguramente, del viaje que hizo Lolo a Lourdes en 1958 pero que había empezado a dar sus primeras boqueadas, por así decirlo, cuando Lola Güell, que sería quien sugirió todo aquello a Lolo, se pusiera en contacto con el linarense en 1956; sentido, como decimos, que tenía todo que ver con la unión del binomio: sufrimiento-prensa católica que sería el hilo conductor de todo aquel plan espiritual que tanto bien hizo y, creemos, sigue haciendo. ¿Acaso el Boletín que la Fundación Lolo da a la luz pública cuando corresponde –ya va por el número 27– no es digno heredero de la revista “Sinaí”?

Eso, de todas formas, que lo digan sus autores porque al que esto escribe le basta con tirar la piedra y, eso, lo que sigue…

 

Continuará

 

 

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